El placer de aprender
EL PLACER DE APRENDER
Cuando era niña descubrí que todo lo nuevo era maravilloso y excitante, de colores brillantes, sonidos variados que llenaban mis sentidos, toqué diversas texturas, percibí olores agradables y desagradables, saboreé cada alimento y bebida percatándome que sentía preferencia por lo dulce; disfruté la escuela y por medio de la observación, la curiosidad, la competencia con mis compañeras y sobre todo llevar a cabo la realización de las tareas y ejercicios adquirí conocimientos.
El tiempo ha pasado, hoy me percato que cada uno de esos aprendizajes fueron incrementándose poco a poco, también –últimamente- algunos de ellos tal vez comience a olvidarlos. He reflexionado acerca de las personas que fueron guías y me proporcionaron el apoyo necesario en el entorno escolar, ellos, los que se paraban al frente todos los días y previamente preparaban esas clases, ejercicios y tareas que a veces realizaba con esmero y otras no con tanto.
Los profesores: enseñan, transmiten, fungen como guías y facilitadores del aprendizaje, ellos hicieron posible esa adquisición de conocimientos nuevos y se ampliaron además sobre la base que estaba ya sentada. ¿Será que quienes fueron mis compañeros aprendieron lo mismo que yo? ¿Pensaremos lo mismo hoy día acerca de cada problemática, situación que se presenta en nuestra sociedad, asuntos políticos, económicos, de salud y Educación? Más aún, ¿tendremos todos una vida o familia similar, un trabajo y profesión igual o equivalente?
Sin temor a equivocarme puedo decir que no, tal vez existan similitudes entre algunos en gustos o preferencias, pero definitivamente cada persona es diferente, piensa, siente, observa, escucha, camina, viste, sonríe, habla, opina diferente en las diversas etapas de su desarrollo, a esto se le llama diferencias individuales. Por otra parte, más allá de la persona y la forma en que logra su aprendizaje, influye el estilo de vida, creencias, actitudes, valores, el medio y personas que le rodean desde que nace, en su niñez, adolescencia, etapa adulta y vejez, a esto se le llaman factores contextuales.
Entonces, ¿Aprendemos todas las personas de la misma forma? Seguramente hemos escuchado o experimentado de manera personal que se aprende de la experiencia, de la práctica o repetición, por imitación, por descubrimiento, por asociación de estímulos, por ensayo y error, así como también hay quienes sostienen que unos aprenden y otros no porque son más inteligentes y los demás, … “no tienen la capacidad” o “no pueden aprender”. ¡Y no faltará quien llegue a considerar que “la letra con sangre entra”! (dicho popular).
Lo que es un hecho es que en todo el ciclo vital y a través del aprendizaje podremos adquirir habilidades y conocimientos a los que les podremos dar un sentido y un significado. Estos se irán construyendo como un edificio, en el que las bases deben de ser sólidas, resistentes y adecuadas, además los elementos que continúen con cada uno de los pisos deberán encajar uno con otro para soportar toda la estructura. Podremos ponerlos en práctica en distintas situaciones a través de repertorios de conducta y también podemos analizar y pensar de qué manera los aplicaremos, es decir, encontrarles nuevas relaciones. A esto se le llama: Aprendizaje significativo.
Aquel que se pueda jactar de ser buen profesor, será capaz de detectar necesidades, adaptar objetivos y actividades curriculares de manera organizada, activar el conocimiento previo de todos sus alumnos, atraer su atención centrándose en lo más importante y promover enlaces entre los conocimientos con que éste cuenta y los nuevos, es decir, utilizará diversas estrategias de aprendizaje.
Algo no fácil, ¿verdad? Más aún cuando el profesor se encuentra en el aula con alumnos que por alguna razón no aprenden como la mayoría de las personas. Y, quiénes no aprenden como la mayoría? Aquellos que se encuentran en desventaja socioeconómica y cultural, aquellos que por alguna razón presentan un déficit en habilidades, a nivel cognitivo o neurológico, sensorial y/o psicomotor, aquellos que puedan tener situaciones en su vida en ese momento que les impida procesar la información de manera correcta, aquellos que procesen la información mucho más rápido… estos alumnos serán considerados como alumnos con Necesidades Educativas Especiales (NEE).
“El placer de aprender” es lo que sin duda nos puede llevar a ser personas que tienen sueños, aspiraciones, planes y objetivos por cumplir, por lo mismo, no nos quedamos estáticos ante una sociedad que evoluciona, buscamos como continuar adquiriendo nuevos conocimientos, ponerlos en práctica y sobre todo, compartirlos con los demás.
Si ha sido de tu agrado este espacio, estaremos publicando un grupo de estudiantes y egresadas de la carrera de Psicología del Sistema Universidad Abierta y Educación a Distancia de la UNAM, esperemos entonces leernos en quince días.
Gracias.
Psic. Aleida Isela Rubiños Martínez.
UNAM-SUAYED
aleidarubinos@hotmail.com
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Buen intento de ensayo… Creo que se pierde la esencia de lo que se quiso decir….. Un poco desilvanado y perdido pero bien para ser la primera vez
Felicidades Psic. Aleida, primeramente por el contenido de tu columna, aprender es grato y da enormes satisfacciones si el conocimiento adquirido te otorga sabiduria y experiencia y el poder rondar apoyo a los alumnos con necesidades Educativas Especiales, es tener una verdadera vocación; y también por que tu y tus compañeros de la UNAM tienen los conocimientos y herramientas necesarios para apoyar a nuestra sociedad oaxaqueña que tanto necesita de profesioinstas como ustedes. Hasta la próxima.