COVID-19: Ciudades resilientes apuestan por una movilidad competitiva

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Ciudad de México, 26 de mayo 2020

El distanciamiento social y la reducción de movilidad son las herramientas más poderosas con las que cuenta México para frenar la propagación del COVID-19, pero en el contexto laboral del país dejar de moverse no es una opción para gran parte de los mexicanos. Por ello, los gobiernos deben asegurar la sana distancia en todos los modos de transporte público, además de ser opciones seguras, cómodas, incluyentes, accesibles y sustentables.

¿Las ciudades  ofrecen opciones para que sus habitantes puedan trasladarse de manera segura?

La mayoría de las ciudades mexicanas no cuentan con sistemas eficientes de movilidad y mucho menos resilientes. Las ciudades poco preparadas para situaciones de contingencia se caracterizan por tener: 

  1. Pocas alternativas para sustituir al automóvil particular.  
  2. Infraestructura insegura e inaccesible que se convierte en barreras urbanas, por ejemplo, segundos pisos. 
  3. Falta de sistemas de información, planeación y respuesta inmediata

La estrategia debe contar con un cambio radical en el gasto público para priorizar el transporte colectivo y medios de transporte sustentables sobre el automóvil particular, ya que la inversión en transporte público y no motorizado es sumamente escasa en la actualidad. En 2017, a nivel nacional,  solo se destinó el 17% del total del presupuesto de movilidad a proyectos que contemplaron el transporte público e infraestructura ciclista. 

De acuerdo con el Índice de Movilidad Urbana del IMCO, hasta 2019 únicamente 11 de los 32 estados del país contaban con una ley de movilidad que considerara todos los modos de transporte. 

La normatividad debe actualizarse para eliminar las barreras a la entrada de más y mejores opciones de transporte, esto permitirá atender eficazmente la crisis actual, eludir riesgos futuros e impulsar el regreso a las actividades económicas sin que el miedo a los contagios provoque el uso masivo de los modos de transporte menos eficientes y menos inclusivos, como el automóvil particular. Para ello el IMCO propone:

Corto plazo: ¿qué se podría hacer durante el confinamiento? 

  • Monitorear los niveles de actividad de los traslados de la población en periodos de tiempo cortos (mínimo semanales) para verificar el cumplimiento de las medidas de distanciamiento social y del regreso escalonado de las actividades. Esto puede hacerse con ayuda del Gobierno federal o de proveedores externos.
  • Identificar las zonas con mayor concentración laboral, en las que se enfoquen los esfuerzos de vigilancia o de medidas más exhaustivas para evitar contagios en zonas conurbadas.
  • Alinear la reactivación de las actividades en las empresas  y escuelas a un plan para regresar de forma escalonada que tome en cuenta el riesgo de contagios que representa cada establecimiento por el giro al que pertenece. 
  • Independientemente del sector al que pertenezcan los establecimientos, cada uno de ellos debe de considerar un plan de  horarios diferenciados para sus empleados de tal manera que se reduzca la demanda simultánea de transporte
  • Incrementar el número de carriles exclusivos para unidades de transporte público.
  • Incrementar el espacio destinado a infraestructura peatonal y ciclista para cumplir con las indicaciones de sana distancia. Aunque inicialmente esto puede hacerse de manera temporal, es necesario definir planes para construir infraestructura permanente. 
  • Reducir el espacio destinado al uso de automóviles, lo que desincentiva su uso y le da prioridad al flujo de transporte público. También debe contemplarse el cierre y peatonalización de calles para aumentar el espacio entre peatones.
  • Regular y facilitar la operación de iniciativas de transporte colectivo vía aplicación para aumentar la capacidad del sistema y disminuir aglomeraciones.

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