EL BIEN MAYOR …

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La oportunidad de la 4T para impulsar a la empresa mexicana.

Víctor Manuel Aguilar Gutiérrez

 

La empresa es la unidad económica de producción y/o distribución de bienes y servicios. A través de la empresa se procesan los factores de la producción: tierra, trabajo, capital y organización. Las remuneraciones para los factores económicos que mediante la actividad de la empresa se generan son: renta, salario, interés y utilidades o beneficios, es decir, la empresa crea riqueza. También a través de ella se generan los productos y servicios que la sociedad necesita para subsistir. Son las empresas y el gobierno las principales fuentes de empleo y es a través de la empresa que se generan los impuestos, el principal ingreso del Estado.

El alma de la empresa es el empresario, quien arriesga su capital y mediante su visión construye una marca; un sistema; lleva una innovación al mercado; cumple su función social al satisfacer necesidades mediante los productos que ofrece, dar empleos y pagar impuestos; así también, persigue legítimamente un lucro o una ganancia.

La empresa, para su correcto funcionamiento requiere de condiciones adecuadas como certidumbre jurídica, variables económicas estables, seguridad, entre otras. El papel del gobierno debe ser entonces bridar las condiciones para que las empresas realicen sus actividades con la mayor agilidad y facilidad posible en el marco de la ley, por ello el rol regulador del Estado es irrenunciable para corregir distorsiones del mercado y para proteger derechos de los consumidores y trabajadores. Por ello existen instituciones como la Comisión Federal de Competencia Económica (regula la sana competencia entre las empresas), la PROFECO (protege los derechos de los consumidores), la secretaria del trabajo y juntas de conciliación (protegen los derechos de los trabajadores). En la presente administración pública federal no queda claro cuál es la visión del papel de la empresa dentro de las estrategias del nuevo gobierno, así como las políticas públicas que se implementarán para la promoción y fortalecimiento de la empresa. La Secretaria de Economía, la cual se encarga promover y atender a las empresas es la menos visible hasta ahora, lo cual nos da la percepción real o equivocada que la empresa no es un asunto prioritario para esta administración.

Los programas sociales, estrella de esta administración, son prioridad y en palabras del Presidente la “austeridad republicana” tiene como fin financiarlos, sin embargo, si no fuera suficiente se pasará a una “pobreza franciscana” en términos presupuestales. ¿Qué pasará cuando la “pobreza franciscana” no baste? ¿Seguirá el aumento de impuestos? Esto último impactaría directamente a las empresas. La obsesión por sostener a toda costa los programas sociales nos puede llevar a un círculo vicioso que generará cada vez más pobreza. Para revertir el este círculo vicioso y convertirlo en virtuoso los programas sociales deberán acompañarse de  programas que fomenten la actividad productiva de las familias para que mientras los primeros atienden las necesidades a corto plazo de las familias los segundos garanticen la cobertura de las mismas necesidades a largo plazo. Aquí es donde los programas de emprendedurismo y primer paso productivo resultan estratégicos.

Por otro lado, el gobierno federal tiene la oportunidad de voltear su mirada a la empresa nacional, promover la competitividad de los productos nacionales, fortalecer el mercado interno como eje del crecimiento y desarrollo económico sin “satanizar” al mercado externo, revalorar y fomentar el emprendimiento. La cuarta trasformación o 4T consiste en la separación del poder político del poder económico, por ello debe desterrarse el favoritismo o la sospecha de este, ya que la mayor corrupción se da en las adjudicaciones “amañadas” de las adquisiciones públicas, en perjuicio tanto de las finanzas públicas como de la sana competencia entre las empresas. Para ello el mismo gobierno debe que poner el ejemplo dando transparencia a sus procesos de compra, fomentando la competencia a través de licitaciones públicas abiertas donde se de preferencia a las empresas nacionales y con un enfoque regional. No dar transparencia y apertura a los procesos de adquisición, y presentar como “honestos” procesos “arreglados” nos habla de simulación en las acciones de combate a la corrupción, lo cual pronto minará la alta credibilidad del Presidente.

Las políticas aplicadas en los sexenios de Luis Echeverría Álvarez, José López Portillo, y recientemente de la Venezuela de Hugo Chávez y Nicolás Maduro, nos dejan lecciones aprendidas para no tropezar con la “misma piedra”, ya que ellos aplicaron medidas similares a las que pretende aplicar el actual gobierno. La constante en las administraciones antes mencionadas fue que las empresas pagaron los “platos rotos” de los errores en las políticas aplicadas. Es importante que se privilegie la concordia sobre el conflicto. El aumento de huelgas es síntoma de que algún punto requiere de atención urgente.

El éxito de la política económica de este gobierno está muy ligado al éxito de cada una de las empresas nacionales, el mirar al mercado interno, podría en lo económico marcar una diferencia histórica con las administración que el mismo Presidente llama “neoliberales”. El entrar  en señalamientos  y distribución de culpas a la empresa se estaría cavando la tumba de lo que pudo ser el detonador para alcanzar  las ambiciosas metas económicas de este sexenio.

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