EL BIEN MAYOR …

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¿Por qué no baja el precio de la gasolina?

Víctor Manuel Aguilar Gutiérrez

La gasolina es el energético más popular usado principalmente para motores de combustión interna como los que mueven a los automóviles que comúnmente utilizamos para transportarnos. Aunque la tendencia es sustituir esta fuente de energía por otras menos contaminantes como la solar o la eléctrica, y en el futuro próximo el uso de la gasolina disminuirá considerablemente, hoy en día, la mayoría de las familias incorporan la adquisición de gasolina dentro de su presupuesto de transporte.

La gasolina es un derivado del petróleo que se obtiene mediante un proceso químico de refinación. México cuenta con seis refinerías que producen gasolina: Salina Cruz, Salamanca, Tula, Minatitlán, Cadereyta, y Ciudad Madero. Mientras que en el mundo las refinerías operan al 90% de su capacidad, las refinerías mexicanas operan alrededor del 40% de su capacidad. Sin embargo, 7 de cada 10 barriles de gasolina que se consumen en México son importados. Aproximadamente el costo por litro de la gasolina importada es de  9 pesos, mientras que el costo de producción de un litro de gasolina nacional es de 2.38 pesos aproximadamente. Uno de los principales problemas es la disminución de la producción petrolera de PEMEX, ya que no produce el suficiente petróleo para abastecer a las refinerías nacionales. Antes de pensar en construir una nueva refinería se requiere aumentar la producción de las refinerías existentes y hacerlas eficientes. Construir una nueva refinería sin resolver el problema de producción solo agravaría el problema aumentando los costos y presionando el precio de la gasolina a la alza a pesar de que es más barato producirla que comprarla.

El precio de la gasolina se ha convertido en un referente político, económico, financiero, fiscal, ecológico y electoral.

Desde el punto de vista político, cualquier variación en el precio de la gasolina tiene consecuencias para el gobernante en turno. Si el precio baja, sin duda la popularidad del gobernante aumentará en proporción a la disminución del precio. Por el contrario, si el precio sube, la popularidad del gobernante baja en la misma proporción, llegando incluso a propiciar disturbios sociales.

Desde el punto de vista económico, bajo un esquema de libre mercado, los precios de la gasolina como los de cualquier producto se rigen por la ley de la oferta y la demanda. Bajo este sistema el precio se establece cuando la demanda y la oferta encuentran su punto de equilibrio, es decir, si el precio es demasiado bajo, aumenta la cantidad demandada provocando que el producto se agote rápidamente, generando escasez de gasolina en el mercado, por otro lado, si el precio es alto, la cantidad demandada disminuye, es decir, se “cae” la venta de gasolina. El precio de la gasolina  se encuentra muy ligado a variables como la inflación ya que está ligado a los costos de transporte de diversos productos por lo que un alza en el precio de la gasolina presiona para un aumento generalizado de precios.

Desde el punto de vista de las finanzas públicas, el precio de la gasolina se compone de cuatro elementos: costo, margen o beneficio, impuesto especial sobre productos y servicios, y subsidio. El gravamen del impuesto especial sobre productos y servicios (IEPS) a la gasolina representa una de las principales fuentes de ingresos del Estado. Por otro lado, para amortiguar variaciones de precio a la alza y mantenerlo estable se ha aplicado un subsidio, lo cual ha representado un fuerte boquete a las finanzas públicas.

Desde el punto de vista ecológico, México ha firmado acuerdos internacionales comprometiéndose a disminuir la cantidad de emisiones contaminantes. Una de las principales fuentes de este tipo de contaminación es la que emiten los motores de combustión interna a gasolina que utilizan la mayoría de vehículos de transporte. Para cumplir las metas de reducción de emisiones, se ha utilizado como estrategia mantener un precio de la gasolina ligeramente alto para  desincentivar el uso de este tipo de vehículos y la contaminación que generan.

Desde el punto de vista electoral, el bajar el precio de la gasolina ha sido parte de la oferta electoral en las campañas federales de diputados y presidente de la república.

En días pasados, en las conocidas conferencias de prensa mañaneras, el Presidente de la República anuncio una baja de $1.50 en el IEPS que se le aplica a la gasolina, lo cual festejaba se traduciría en una baja del precio de la gasolina al día siguiente, sin embargo, esta esperada baja en el precio de la gasolina no se dio. Para esta semana del 06 al 12 de abril se amplió el impulso (subsidio) a $1.62.

Desde enero de 2017, durante el sexenio de Enrique Peña Nieto, el precio de la gasolina se liberó quedando sujeto al libre juego de la oferta y la demanda. También se eliminó el monopolio de PEMEX en la venta de gasolina, abriendo la posibilidad que gasolineras que no son franquicia de PEMEX puedan importar y expedir gasolina. Para competir con PEMEX algunas de estas empresas buscan diferenciar su gasolina agregándole aditivos, para de esta forma enfocar su ventaja competitiva en la diferenciación de su producto y no en una guerra de precios, lo cual es totalmente valido en términos de competencia económica. En una lógica de mercado, queda claro que no basta con una disminución en el IEPS para que se refleje en el precio al público de la gasolina, quizá ayude a que no aumente de precio pero no a que baje.

Analizando los factores que describimos anteriormente, encontramos que tienen mayor peso aquellos que presionan al alza. Así las cosas, el escenario más optimista que como consumidores de este energético podemos aspirar es que el precio de la gasolina se mantenga estable pero no que baje, o quizá la baja solo se presente en tiempos electorales.

 

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