EL BIEN MAYOR …

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El combate a la pobreza y el apoyo a la actividad productiva

Víctor Manuel Aguilar Gutiérrez

Más allá de filias y fobias, de neoliberalismos o nacionalismos, de fifís o chairos, de conservadores o progresistas, el combate a la pobreza requiere de una visión objetiva, libre de prejuicios ideológicos. Ciertamente algunas políticas aplicadas en el pasado no han alcanzado los resultados esperados; sin embargo, algunas otras sí y han sido bastante exitosas. Las primeras hay que evaluarlas, si es posible corregirlas o, en su caso, eliminarlas. Las segundas continuarlas y fortalecerlas.

Eliminar de tajo todos los programas bajo el supuesto de que todo lo anterior está manchado de corrupción, sin una evaluación objetiva es echar a la basura 200 años de experiencia de la administración pública mexicana y empezar de cero, basándose más por supuestos subjetivos e ideológicos que por una visión lógica, de experiencias exitosas y mejores prácticas según los antecedentes nacionales o internacionales.

De 1989 al 2018, con variaciones sexenales, la lógica de los programas de combate a la pobreza mantuvieron un enfoque gradual y ligados a la actividad productiva, aunque con muchos aspectos que corregir.

La pobreza extrema se atendió con programas de complemento al ingreso como Solidaridad, Progresa, Oportunidades y Prospera. Estos programas otorgaron un apoyo económico a las familias, condicionado a cumplir acciones de educación, salud y alimentación. Siempre se criticó el enfoque asistencialista de este programa. Sin embargo, se logró un alto nivel de inserción escolar de  las niñas y niños de las familias participantes, así como un riguroso control de salud principalmente de las madres de familia. Por otro lado, la comodidad del ingreso periódico del programa desalentó la movilidad a mejores ingresos de las familias por miedo a perder los beneficios recibidos.

El programa de microrregiones atendió a las áreas geográficas donde se concentra la pobreza, focalizando la dotación de servicios para mejorar las condiciones de vida de la población llevando a zonas con bajos índices de desarrollo humano beneficios como: pavimentación, guarderías, electricidad, agua, drenaje, hospitales, escuelas, servicios financieros, etc.

El programa Opciones Productivas o Primer Paso Productivo, se encargó de la incorporación a actividades productivas de familias sin experiencia previa en estas actividades.

El siguiente escalón correspondió a FONAES, hoy INAES, instancia que apoyó a proyectos cuyos ejecutantes ya contaran con antecedentes de actividad productiva. En este mismo nivel pero para el caso de actividades agrícolas o agropecuarias, la instancia competente fue SAGARPA con Procampo y otros programas. También SEDATU o lo que fue la Secretaría de la Reforma Agraria con programas enfocados a núcleos agrarios como PROMUSAG, PROMETE, FAPPA, entre otros. En el caso de microcréditos se encuentra PRONAFIM y FOMMUR. Sin embargo estos programas fueron poco conocidos para el grueso de la población, el presupuesto asignado fue insuficiente, con complicados requisitos, y sobre todo en el sexenio de Peña Nieto, el otorgamiento de estos apoyos se realizó con criterios políticos, lo cual redujo el impacto que pudieron haber alcanzado.

Para sectores con niveles de desarrollo productivo y empresarial más altos, el Fondo PYME y el INADEM otorgaron apoyos para la creación y fortalecimiento de las empresas. De la misma forma pero a través de crédito: Nacional Financiera y Financiera Rural.

Para el fomento al comercio exterior ProMéxico y Bancomext jugaron un papel importante, tanto para el financiamiento como para la promoción de las exportaciones e incluso de la importación.

Como el lector habrá notado se habla de los programas anteriormente descritos en pasado por que aunque algunos sobreviven, parece serán solo de membrete por que la prioridad son los programas sociales anunciados por el Presidente, como los otorgados a adultos mayores, ninis, estudiantes, microempresarios, que aunque representan un apoyo al ingreso de las familias no promueven la actividad productiva y absorben presupuesto que podría destinarse al impulso de ésta.

El enfoque actual de combate a la pobreza es asistencialista, con alta carga ideológica y con fines electorales. El despreciar la experiencia pasada llevará inevitablemente a cometer errores que se creían superados. La curva de aprendizaje podrá superarse más rápidamente y con menor costo, si se tiene menos soberbia y más humildad para reconocer los aciertos pasados manteniendo los programas exitosos.

Las estrategias de combate a la pobreza están estrechamente ligadas al impulso de la actividad productiva y del empleo. Enfocar la estrategia solamente en los programas sociales, es decir en “repartir pescado sin enseñar a pescar” puede ocasionar el efecto no deseado de “gobierno pobre y pueblo miserable” porque no habrá recursos públicos que alcancen para mantener esta política por lo que la “pobreza franciscana” tarde o temprano se endosará al sufrido pueblo.

 

 

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