EL BIEN MAYOR …

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Gobierno rico, pueblo pobre

 

Opinión de: Víctor Manuel Aguilar Gutiérrez

@aguilargvictorm

 

Desde el año pasado, en este espacio hemos sido enfáticos en el tema económico, ya que desde entonces los anuncios del gobierno electo, no vislumbran claridad en cuanto a los “cómo” y en cuanto a los parámetros de medición de resultados y metas, tan solo se refieren críticas a las administraciones anteriores y la promesa de mejores resultados.

A partir del primero de diciembre del año pasado la situación no cambio, pasaron los primeros cien días de gobierno y las acciones realizadas por la nueva administración se orientaron a desmantelar grandes proyectos como la construcción del Nuevo Aeropuerto de la Ciudad de México en Texcoco, así como el programa de Zonas Económicas Especiales, y programas exitosos de administraciones anteriores como el Programa de Estancias Infantiles, bajo el argumento de corrupción y la nueva política de entregar los apoyos directamente a los beneficiarios sin intermediarios.

El eje central de la política de la nueva administración son los programas sociales tales como: Programa para el Bienestar de las Personas Adultas Mayores, Programa Pensión para el Bienestar de la Persona con Discapacidad, Programa Nacional de Beca para el Bienestar Benito Juárez, Jóvenes Construyendo el Futuro, Jóvenes escribiendo el futuro, Sembrando Vida, Tandas para el Bienestar, entre otros. El financiamiento para la operación de estos programas es prioridad por lo que el gobierno anunció que estaría dispuesto a pasar de una “austeridad republicana” a una “pobreza franciscana” con tal de lograr los recursos suficientes para financiarlos. Para este propósito: se redujeron sueldos; se despidió y se sigue despidiendo personal; se eliminaron prestaciones; se eliminaron áreas, dependencias, y programas; también se han detenido las compras gubernamentales entre ellas de equipo de cómputo y sistemas, vital para el funcionamiento de la propia administración pública.

La austeridad aplicada ha llegado al punto de afectar la operatividad de las dependencias. Ciertamente se han obtenido grandes ahorros, pero también se han erogado grandes cantidades de dinero para obtener nada, como la cancelación del NAICM o los gastos que ocasiona el avión presidencial varado en un hangar extranjero.

Se esperaba que las dudas respecto al rumbo y las estrategias se resolvieran en el Plan Nacional de Desarrollo; sin embargo, el documento presentado es solo una repetición escrita de lo dicho en la campaña, y lo que a diario se dice en las conferencias de prensa mañaneras.

Ante este panorama, y la meta de crecer al 4% en este año o el reto del Presidente de duplicar el pronóstico de crecimiento de los analistas económicos, que parece ser, cada día se vuelve más difícil de lograr por no decir imposible.

Actualmente los ingresos que recauda el Gobierno Federal no se han detenido, fluyen y en grandes cantidades. Las fuentes de ingreso son: la recaudación de impuestos, los derechos que se pagan por tramites, las multas que se cobran por sanciones, los excedente que pudieran tener las empresas paraestatales, la deuda que en este corto periodo ya ha colocado el Gobierno Federal,  y los grandes ahorros de la “austeridad republicana”. Tenemos un gobierno que cuenta con recursos suficientes o dicho de otra forma tenemos un gobierno “rico”.

Por otro lado, los grandes proyectos, además de cuestionados por carecer de sustentos ambientales y técnicos, incrementarán su costo. Para el Tren Maya, el presupuesto destinado solo a estudios se elevará en un 700%, y en el caso del Aeropuerto Internacional “Felipe Ángeles” de Santa Lucía, su costo se elevará en 8 mil millones de pesos por un cerro no previsto.

Al día de hoy, el gasto público presenta atraso y deficiencias en su ejercicio. El Presidente lo justifica diciendo que no es subejercicio sino ahorro, pero para fines prácticos es dinero que no se está aplicando y por ende no genera derrama económica. Frente a una administración pública disminuida y prácticamente desmantelada, los programas sociales se encuentran parados u operan con deficiencia, incluso el famoso censo se encuentra detenido.

Las compras gubernamentales están prácticamente suspendidas, y el mismo gasto corriente se ejerce con deficiencia, basta visitar cualquier dependencia federal para notar sus carencias: falta de medicamentos para el VIH, la cancelación de tratamientos para niños con cáncer, la cancelación de apoyos para que alumnos destacados participen en olimpiadas del conocimiento, el aumento de incendios por disminución de presupuesto para combatirlos, la falta de gasolina para ambulancias y suministros en hospitales y casas hogar, entre otros.

De no cambiar las cosas, el retraso del ejercicio presupuestal ocasionará falta de circulante que afectará los bolsillos de “chairos” y “fifís” por igual. El desempleo ha aumentado porque el sector privado no puede absorber a la gran cantidad de personas despedidas del Gobierno Federal, y la economía no crece al ritmo que se requiere. En términos económicos, parece ser que la medicina (austeridad) se pasó de dosis y está matando al enfermo. En pocas palabras tenemos un gobierno rico con un pueblo que sigue pobre.

 

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