El bien mayor …

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La migración en la relación México – Estados Unidos.

Opinión de Víctor Manuel Aguilar Gutiérrez

@aguilargvictorm

 

 

Históricamente la migración ha sido un tema siempre ha estado presente en la relación bilateral con Estados Unidos. Durante el periodo de la Segunda Guerra Mundial a finales de los años treinta y principios de los años cuarenta, nuestro vecino del norte promovió la migración hacia su país para cubrir el déficit en mano de obra sobre todo en los campos agrícolas. Fue la época de los llamados braceros.

Prácticamente cada familia mexicana contaba con por lo menos un integrante que estaba en los Estados Unidos de “bracero”. Estos migrantes mexicanos al alcanzar el éxito económico, se instalaron, formaron familias y crearon negocios contribuyendo al fortalecimiento económico de los Estados Unidos. Como ciudadanos estadounidenses han pagado impuestos y han participado en las fuerzas armadas en aquel país, peleando desde entonces en los diferentes conflictos armados enarbolando la bandera estadounidense.

Los exitosos mexicanos ya establecidos en Estados Unidos, encarnaban al llamado “sueño americano”. Este modelo atrajo a flujos de mexicanos desempleados o de bajos ingresos, quienes con la facilidad de contar con un familiar, amigo o conocido que podía colocarlos, incluso en negocios propios, cruzaban fácilmente la frontera sin documentos pero con grandes anhelos de prosperidad.

Los flujos de migrantes indocumentados hacia Estados Unidos aumento considerablemente a partir de las crisis económicas en los sexenios de Luis Echeverría, José López Portillo y Miguel De la Madrid. Desde entonces los flujos de migrantes no han cesado, adicionando a centroamericanos que huyendo de la misma problemática económica y de la guerra en sus países, cruzan primero la frontera sur de México y después la frontera norte.

Al aumentar los flujos migratorios de indocumentados y al representar un riesgo para la seguridad nacional, Estados Unidos cada vez más ha endurecido el control sobre su frontera.

Durante el sexenio de Carlos Salinas de Gortari se firma el Tratado de Libre Comercio entre los dos países, el cual regula el libre paso de mercancías pero no de personas, como si lo considero el acuerdo que dio origen a la Unión Europea.

Desde los noventa, las remesas que envían nuestros connacionales de Estados unidos se han convertido en la principal fuente de ingresos de las familias. Así también, el cruzar a grupos de migrantes indocumentados se ha convertido en una industria ilegal que operan los llamados “polleros”.

Durante el sexenio de Vicente Fox la política exterior se centró en lograr un acuerdo migratorio con Estados Unidos, el cual prácticamente se logró, sin embargo, para mala suerte de México, los acontecimientos del 11 de septiembre de 2001 sepultaron la realización este acuerdo. La frontera entre México y Estados Unidos se restringe drásticamente para el paso de personas y mercancías.

Con la llegada de Donald Trump a la presidencia de Estados Unidos el discurso anti migrante se agudiza. La promesa de construir un muro con México se vuelve una obsesión. La persecución de inmigrantes en los Estados Unidos se vuelven prácticamente una tragedia humanitaria, familias separadas, niños que prácticamente mueren abandonados en centros migratorios, a los migrantes latinos se les niegan los servicios de salud y educación. La hostilidad sobre estos temas se centra en países como México a quien presiona para que asuma los costos de detener la migración hacia su país.

El presidente Peña Nieto asume una posición titubeante frente a Trump, sin embargo, no cede a sus pretensiones. Con la llegada de López Obrador a la presidencia de México el mensaje es contradictorio. En un primer momento el discurso se centra en el respeto a los derechos humanos de los migrantes y que en México habrá trabajo para todos. El discurso del recién ungido presidente aunado a otros intereses, propician oleadas masivas de migrantes que ingresan a México a través de una frontera sur totalmente abierta. El gobierno de López Obrador les ofrece visas humanitarias e incluso transporte para su tránsito por México. En un segundo momento, el gobierno de Donald Trump acusa a México de no estar haciendo nada para detener la migración y amenaza con imponer aranceles de 5% a un 25% dependiendo de que tanto México controle el problema. En respuesta México envía a su canciller quien logra detener la amenaza mediante un acuerdo que prácticamente doblega a México, quien se compromete a detener la migración.

Para lograr el objetivo, México distrae de su tarea de combate a la delincuencia a la Guardia Nacional a quienes despliega en la frontera sur para contener el problema, a los migrantes que son detenidos son concentrados en centros migratorios en condiciones insalubres e inhumanas, los recursos no alcanzan para deportar a todos quienes proceden de más de 70 países. Adicionalmente México recibe a los deportados de Estados Unidos incluso a no mexicanos, siendo México quien asume los costos de mantenerlos en el país.

La posición del Gobierno del presidente López Obrador con respecto a este tema frente a Estados Unidos y Trump específicamente, ha sido tibia, “amor y paz” lo resume. La reacción de México se resume un escueto mitin en la frontera. El presidente López Obrador ha evitado a toda consta enfrentar a Donald Trump, ni siquiera asistió a la cumbre de líderes mundiales llamado G20 para evitar estos encuentros.

Mientras tanto, el gobierno de López Obrador cumple el anhelado sueño de Donald Trump que México pague el muro que contenga a los migrantes. México se ha convertido en ese muro.

Esta historia se sigue escribiendo, esta historia continuará….

 

 

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