EL BIEN MAYOR …

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Víctor Manuel Aguilar Gutiérrez

 

De acuerdo a Enciclopedia Jurídica: El derecho natural es un conjunto de normas y principios jurídicos que se derivan de la propia naturaleza y de la razón humana, que existen como principios; mientras que, el Derecho Positivo es un conjunto de normas fundamentales dictadas por un Estado para el cumplimiento de sus fines, pero estas, para su validez, no pueden estar desprovista de los principios y valores fundamentales de carácter universal e inmutable que provienen del Derecho Natural.

Cuando el derecho positivo no considera a la naturaleza para emitir normas o que incluso son contrarias a ella, entonces se construye un mundo basado en una realidad subjetiva, fundado en supuestos ilusorios y no fundados en lo que “ES”. Solo la soberbia del legislador que abusa del derecho positivo se atrevería a legislar que el “Sol no alumbre”, por ejemplo. Sin embargo la naturaleza y la fuerza de la realidad objetiva siempre se impondrán

Para BERGER y Thomas LUCKMANN, autores de la obra “La construcción social de la realidad”, la realidad se establece como consecuencia de un proceso dialéctico entre relaciones sociales, hábitos tipificados y estructuras sociales, mirado desde un punto de vista social. El sentido y carácter de esta realidad es comprendido y explicado por medio del conocimiento.

La globalización y la difusión de ideologías utilizando como instrumento la comunicación masiva y masificadora, así como, la distorsión del derecho han creado un mundo subjetivo. Cualquier capricho que se dirima y sea negado en las instancias convencionales, siempre tendrá el recurso legal de llevarlo por la vía jurídica a los juzgados y en última instancia a la Suprema Corte, donde no faltará algún juez, magistrado o ministro que con argumentos subjetivos, más nunca objetivos (recordemos que las fuentes del derecho de acuerdo a la doctrina son: la ley, la costumbre y la jurisprudencia), convertirá ese capricho en sentencia o jurisprudencia.  Bajo esta tónica cualquier absurdo se puede volver “ley” o “realidad” so pena de llamar “ignorante” a quien no se someta a esta “verdad” inducida por una corriente del pensamiento que se ha convertido en una verdadera dictadura. La soberbia y capricho humanos prevalecen sobre la sabia y perfecta naturaleza.

Para la claridad de las ideas el lenguaje es importante, las definiciones de palabras se pueden ampliar tanto hasta que no signifiquen nada desvirtuando su significado. Cualquier absurdo es válido mientras se anteceda de la leyenda “científicamente comprobado”, a veces estos estudios comprados resultan verdaderos fraudes al conocimiento, también la corrupción se da en el ámbito científico con tal de sacar adelante posiciones ideológicas ¿quién se ha dado a la tarea de validar los estudios que se dice respaldan tales afirmaciones?, para después con argumentos jurídicos no objetivos que muchas veces se contradicen entre sí, crear un mundo “perfecto” cuyos límites se pierden en los laberintos del pensamiento.

El problema se da cuando nos creemos como sociedad nuestras propias mentiras, y entonces no podremos distinguir entre lo real y lo imaginario. Si algún niño, con toda inocencia, sinceridad y claridad objetiva e intelectual, cuestiona esta realidad subjetiva absurda, la corriente del pensamiento convertida en dictadura se escandaliza y condena al niño a que desde preescolar o primaria deje de ser “Ignorante”, por eso modifica los programas estudio para que el niño se eduque y  para que esa pequeña voz que ve con claridad lo que “es”, no ofenda los oídos de quien no tolera ninguna voz que disienta de su egoísmo y soberbia.

En el caso de México, si bien es cierto que se requiere en avanzar en derechos, también es cierto que en la defensa de derechos, algunos activistas contagiados de corrientes ajenas a nuestra realidad usan como ariete argumentos verdaderos que esconden grandes mentiras y detrás de causas justas esconden tremendas injusticias utilizando al derecho positivo como instrumento.

No queda más que apelar al buen juicio de nuestros legisladores, jueces, magistrados y ministros, así como a la objetividad de un pueblo, que además de hacer escuchar su voz no manipulada en temas polémicos, es también elector y sabrá elegir legisladores que tengan claridad y objetividad de pensamiento y logren ver las verdadera necesidades de nuestro país por sobre posiciones ideológicas.

 

 

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