EL BIEN MAYOR …

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Opinión de: Víctor Manuel Aguilar Gutiérrez

@aguilargvictorm

 

 

La enfermiza obsesión por la austeridad ¿lo barato puede salir caro?.

 

En algunos cursos de ventas y mercadotecnia se cuenta la conocida Fabula del Vendedor: “Erase una vez un hombre que vivía muy cerca de un importante cruce de caminos. Cada día, nada más salir el sol, se acercaba al cruce para instalar su pequeño puesto ambulante de bocadillos, que el mismo reparaba y horneaba en su horno de leña. Este hombre, era conocido en toda la región por sus exquisitos bocadillos, a los que dedicaba todo su tiempo… La gente estaba tan contenta de que cada día le compraba más y más, hasta que, meses después, el hombre decidió alquilar un terreno donde puso un cartel de colores que todo el mundo podía ver. Y seguía preparando los bocadillos y vendiéndolos como siempre, gritando a voces su conocida frase:  – ¡Compre deliciosos bocadillos calientes! –    Y así, como atraídas por un imán, las personas se acercaban al puesto y compraban deliciosos bocadillos. El negocio cada vez iba mejor, así que el tendero pensó en alquilar un terreno más grande y en un sitio todavía más céntrico. Y seguía vendiendo, más y más bocadillos cada día. Tanto que tuvo que pedir ayuda a su hijo, un prestigioso empresario de la ciudad, para que le ayudara. Al recibir su llamada, su hijo respondió:  – Pero papá, ¿no escuchas la radio ni ves la televisión? No te puedes fiar de que te vayan bien las cosas ahora porque estamos en crisis, una crisis terrible, y todo va a ir a peor- le dijo.  A esto, el padre pensó: – Mi hijo trabaja en la gran urbe, tiene un trabajo altamente cualificado, además de contactos importantes y está muy bien informado… ¡Debe saber de lo que habla!”.  Así que el tendero revisó sus costos, empezó a comprar menos pan e ingredientes e incluso dejó de promocionar sus bocadillos. El efecto negativo en las ventas fue inmediato y acabó devolviendo el terreno y dejó de confiar en él mismo.  Apenado, el tendero volvió a llamar a su hijo:  – Querido hijo, tenías mucha razón, ¡puedo asegurarte de que estamos atravesando una grave crisis! “ hasta aquí el cuento…  Sin duda, la austeridad es una virtud, pero su aplicación en la administración pública debe ser guiada por criterios de eficiencia, productividad y sentido estratégico; ejercer la austeridad por la austeridad misma puede traer impactos muy negativos en la economía nacional, que tarde o temprano afectarán al bolsillo de todos los mexicanos. Por cada peso que se genere de la austeridad y que se convierta en ahorro se estará generando presión negativa para el crecimiento económico, esta presión se desactiva cuando este cada peso se gaste y en la medida en que este gasto se ejerza de manera estratégica y eficiente, entonces ese peso se convertirá en inversión, pero ahora la presión será positiva para el crecimiento económico y en la medida de su aplicación inteligente también se potenciará el desarrollo económico. Para que esto suceda se requiere de la aplicación ejercicio del gasto público con una visión económica regional y sectorial.  La austeridad será una estocada para la economía nacional si no se acompaña de una obsesión también por el gasto inteligente y oportuno. La pronta aplicación de la austeridad y el retraso en el ejercicio del gasto público será algo así como quitarle el oxígeno al enfermo, la falta de oxígeno deberá ser breve o de lo contrario el enfermo morirá. La reducción del 70 % del personal de confianza, la reducción de sueldos en la burocracia, la cancelación de seguros, la reducción de gastos, así como una política recaudatoria agresiva creará un gobierno rico, contra un pueblo pobre, casi miserable apenas en la línea de sobrevivencia; Solo la visión sectorial y regional en la aplicación del presupuesto público podrá revertir este efecto negativo. El exceso de austeridad puede adelgazar demasiado a la administración pública afectando significamente sus funciones sustantivas solo el uso de tecnología podría compensar esto. Si se busca el fortalecimiento del mercado interno se deberá tener cuidado con la austeridad republicana porque podría ser devastadora para impulsar el consumo interno, sobre todo para productos suntuarios o de estatus, ya que según estudios el consumidor entre menos gana destina un mayor porcentaje de sus ingresos a productos de primera necesidad prescindiendo de aquellos que considera suntuosos, afectando gravemente a los empleos que genera la producción de ese tipo de productos. La pregunta no es cómo recortar el gasto sino cómo ejercer correctamente el gasto, de lo contrario finalmente diremos efectivamente estamos en crisis.

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