EL BIEN MAYOR …

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Reflexiones sobre la felicidad.

Víctor Manuel Aguilar Gutiérrez

@aguilargvictorm

 

Algunos filósofos plantean que la felicidad es el objetivo último que persigue el ser humano. De acuerdo al portal www.significados.com: “La felicidad es el estado emocional de una persona feliz; es la sensación de bienestar y realización que experimentamos cuando alcanzamos nuestras metas, deseos y propósitos; es un momento duradero de satisfacción, donde no hay necesidades que apremien, ni sufrimientos que atormenten”, …“el sentimiento de autorrealización y el cumplimiento de nuestros deseos y aspiraciones son aspectos importantes para sentirnos felices.” La felicidad es un estado de alegría y plenitud.

Finalmente la felicidad es subjetiva y relativa, depende de los valores de cada persona. La felicidad proviene de la libertad entendida como la capacidad de elegir entre dos o más opciones, que se ejerce en la toma de decisiones. La premisa para tomar una decisión es: la elección de entre varios bienes, el bien mayor; o en términos adversos entre varios males, el mal menor.

Los valores individuales se establecen en la importancia que cada persona le da a cada cosa o situación, dependiendo del mayor o menor peso específico que le dé para alcanzar sus propios propósitos o fines, es decir, su felicidad. Así para algunos, sus valores giran en torno a la posesión material (dinero, propiedades, etc.); para otros en la realización profesional; para otros en el poder; para otros la familia; para otros simplemente en la salud. En base a estos valores se considerara a cada cosa o situación como un bien o como un mal, como un bien menor o un bien mayor, como un mal menor o como un mal mayor. Bajo esta lógica el bien mayor es entonces la vida y en términos espirituales independientemente de la religión que se trate, el bien mayor es Dios. En contraposición, el mal mayor es la muerte. Cuando no podemos poseer el bien deseado nos da tristeza, cuando alguien nos arrebata el bien que valoramos nos enojamos y cuando poseemos el bien que valoramos nos sentimos alegres. Solo la posesión del bien de bienes, es decir, del bien mayor, nos da la felicidad. Es importante saber distinguir entre el placer que es momentáneo y la felicidad que es duradera y conlleva una sensación de plenitud.

La determinación de los valores de cada persona depende de diversos factores como la educación, su entorno social, cultural, familiar. Los grupos de amigos y personas cercanas influyen fuertemente en la determinación de los valores personales. Los medios de comunicación buscan influir también a través de la publicidad y la creación de “modas”, buscando la masificación del pensamiento o comportamiento hacia intereses muchas veces ajenos al individual o colectivo.

Es frecuente que se cometan errores al establecer los valores individuales o personales en términos de alcanzar la felicidad personal plena. Existen valores éticos y morales universales los cuales al alinearse a los valores personales representan mayor garantía de alcanzar el objetivo esperado: la felicidad. Como lo menciona Stephen Covey en su libro “Primero lo primero”: ¿Quién ha deseado, en su lecho de muerte, haber pasado más tiempo en la oficina?.

En diversas encuestas que se realizan a nivel mundial, México y Latinoamérica han mostrado resultados altos en percepción de felicidad de sus habitantes, aunque la tendencia va a la baja. La respuesta a pesar de los problemas que padece la región se debe a que La Familia representa un valor nacional. Cualquier problema, de cualquier tipo se dirime en la familia y la familia apoya en la solución. Así un individuo nunca esta solo sino que cuenta con el respaldo familiar en lo económico, en lo psicológico, y en la solidaridad para resolver problemas diarios. En la medida en que la familia se dispersa, los problemas sociales, económicos, de seguridad, así como, como los problemas psicológicos de los individuos aumentan, disminuyendo la percepción de felicidad en las personas. Como país es importante que se revalorice y se fortalezca a la familia frente a propuestas extranjeras que debilitan a lo más valioso que tiene México: sus familias. No entender esto es repetir la historia de intercambiar “oro” por “espejitos”.

Es tarea del Estado establecer las condiciones para que cada persona en ejercicio de su libertad busque su propia felicidad, a esto se le llama bien común y en sentido amplio constituye el fin de la política. Lo primero es garantizar la vida, la libertad y la seguridad. Las condiciones de alimentación, ingreso, vivienda, educación, cultura y justicia. Lo económico no determina la felicidad del ser humano. Los ingresos económicos son solo una de las variables necesarias para la felicidad.

De acuerdo al artículo de Orlando Caballero Díaz titulado “Política pública para la felicidad” publicado en el Heraldo de México, en 2011 las Naciones Unidas mediante la resolución A/65/L.86, presentada por el Reino de Bhutan y apoyada por 68 Estados Miembros, junto con la unanimidad de su pleno, ha hecho un llamado formal a la construcción e implementación de un nuevo paradigma al que se le ha llamado “enfoque hacia el desarrollo” y que tendrá la misión de promover el desarrollo sustentable y la felicidad humana. Bajo este enfoque los Estados están obligados a implementar una política pública para la felicidad y el bienestar social en general para toda la población especialmente focalizada para los sectores más pobres.

La felicidad para efectos de la implementación de una política pública es definida como: “aquello que permite un desarrollo que balancee las necesidades del cuerpo con las necesidades de la mente de los habitantes de un Estado”.

De acuerdo a este paradigma, la política pública para la felicidad debe tener cuatro variables que la determinan: 1.-La conservación del medio ambiente. 2.-El desarrollo socioeconómico sustentable y equitativo. 3.-La preservación y promoción de la cultura. 4.-El buen gobierno. De tal suerte que la felicidad de la población debe corresponder a una política pública de Estado.

En opinión de quien escribe, a la propuesta de nuevo paradigma que promueve Naciones Unidas le falta el enfoque de familia. La solución a muchos problemas de tipo económico y social se encuentra en el fortalecimiento de la familia como institución y célula de la sociedad. El establecer políticas publicas enfocadas al fortalecimiento de la familia no solo representa un menor costo en términos presupuestarios, sino un aumento en la percepción de felicidad en los mexicanos.

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