EL BIEN MAYOR …

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Crónica de un decrecimiento anunciado

Víctor Manuel Aguilar Gutiérrez

@aguilargvictorm

 

Desde este espacio y en diferentes momentos hemos insistido en el riesgo latente de cerrar el año 2019 con cifras de crecimiento económico negativas, es decir, con un escenario de decrecimiento. Finalmente el riesgo se materializó, sin que el gobierno federal tomara alguna acción para cambiar este destino anunciado. El pasado jueves 30 de enero, el INEGI dio a conocer las cifras oficiales: “estima que durante el último trimestre de 2019 el Producto Interno Bruto de #México no presentó variación trimestral y cayó (-)0.3% a/a vs 2018-T4; con ello, el PIB habría disminuido (-)0.1% para todo el año 2019”.

La caída del PIB, en el nivel que cayó, no se justifica porque no existe un entorno de crisis internacional o interna. Si bien, al comienzo de cualquier administración puede haber disminución en estos indicadores por aquello de la curva de aprendizaje, no se justifica el nivel en que la economía mexicana se redujo. El gobierno federal debe tomar la responsabilidad de este mal resultado, y adoptar las medidas que permitan corregir el rumbo. El presidente lo sabe perfectamente.

El presidente comentó: “Sí, ya se esperaba pero se están cambiando los parámetros para medir el bienestar en México, y como tengo otros datos puedo decirles que hay bienestar”…   “puede ser que no se tenga crecimiento, pero hay desarrollo y hay bienestar, que son distintos” dijo. Sin embargo, el bienestar y desarrollo económico son una ilusión sin crecimiento económico y preludio de tiempos difíciles para los mexicanos si no se corrige el rumbo. El presidente había prometido en su campaña un crecimiento en promedio de 4%, cuando los pronósticos de crecimiento dados por diversas instancias ya advertían reducciones, el presidente apostó que el resultado final sería el doble de los pronósticos anunciados, finalmente no fue así.

El decrecimiento se da como resultado de la falta de capacidad de un gabinete que no ha logrado superar su curva de aprendizaje, de un presidente con excelente comunicación con la gente pero con pésima comunicación con los servidores públicos que integran su administración, las instrucciones no se cumplen porque simplemente no hay instrucciones, cada quien interpreta las indicaciones presidenciales como puede. No hay canales de comunicación internos formales que permita establecer con claridad la responsabilidad de cada indicación dada. A cada momento se viola la ley tratando de realizar lo que cada quien interpreta lo dicho por el presidente. Recordemos que en derecho administrativo, los servidores públicos solo pueden hacer lo que la ley los faculte, no observar esta regla pone en riesgo al servidor público de cometer abuso de autoridad o usurpación de funciones, entre otros delitos administrativos.

Lo anterior provocó que los cambios anunciados no se realizaran o se realizaran con deficiencias. Por ejemplo la enfermiza obsesión por la austeridad provocó deficiencias en la operación de las dependencias públicas. Lo mismo que medidas para el combate a la corrupción mal aplicadas. La concentración de las compras gubernamentales ha provocado lentitud y adquisiciones de bienes o servicios que no son los adecuadas para su fin, además de que las compras se efectuaron con sesgo a los amigos y en su mayoría sin licitación. En algunas dependencias esta parálisis provoco cierre con subejercicios altos. En pocas palabras no se gastó y lo poco que se gastó se gastó mal. Ejemplos sobran , en el sector salud, el desabasto de medicinas; y en el sector del campo, la entrega a campesinos de fertilizantes y semillas en mal estado.

La inversión pública tampoco se dio. Independientemente de que sean correctos o no las grandes obras del sexenio anunciadas como el tren maya y la construcción del aeropuerto en santa lucia no tuvieron avance en términos de inversión durante 2019. Por otro lado, el frenar la construcción del Nuevo Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México (NAICM), independientemente de los señalamientos a este proyecto, creó un ambiente de incertidumbre jurídica para la inversión, además de un fuerte gasto para obtener nada. El mismo caso del avión presidencial, no se usa pero sigue generando un alto gasto de mantenimiento, a esto hay que agregarle el pago a líneas comerciales para las giras presidenciales.

El presidente anunció la creación de un gabinete para el fomento de inversiones. La entrada de inversión extranjera directa es importante ya que las empresas de fuera que están interesadas en instalar un negocio en el país, tiene un propósito a largo plazo, lo que implica más ingreso para el país, ya que, la compañía para su montaje debe pagarle a empresas mexicanas y tendrá que contratar personal para que funcione. Entre más empleo, hay más consumo en los hogares. Un mayor crecimiento del PIB, se ve reflejado en mayor consumo y en mayor capacidad de adquisición de las personas. Por ello, es importante que el Producto Interno Bruto crezca, porque esto significa más empleo para los mexicanos.

En opinión de algunos expertos, la firma del T-MEC, las bajas tasas de interés, el alza a los salarios, una mejor ejecución del gasto de gobierno y una base comparable baja, podrían lograr un crecimiento de 1.15% este año. En opinión de quien escribe no se logrará mejorar los índices de crecimiento económico sin la inversión del sector público en los grandes proyectos con participación del sector privado. Actualmente muchas obras públicas se están realizando por administración directa. El mismo proyecto del aeropuerto de Santa Lucia está a cargo del ejército. Esto ha provocado el cierre de muchas empresas dedicadas a este ramo, así lo ha anunciado la Cámara Nacional de la Industria de la Construcción. En pocas palabras la receta para el crecimiento es sencilla: la correcta y oportuna aplicación del presupuesto de inversión y gasto corriente del sector público, así como el fomento y la participación del sector privado.

Actualmente los programas de bienestar con los que se buscan objetivos de desarrollo, mismos que presume frecuentemente el presidente, no se sostienen sin crecimiento económico. Los altos presupuestos que este tipo de programas absorbe, se torna en una especie de barril sin fondo, de hoyo negro que lo consume todo o una mancha voraz que poco a poco va destruyendo la economía. De que le sirve a una familia que le incrementen apoyo mensual, si por desgracia alguno de sus integrantes padece una enfermedad terminal, y por darle esas migajas de incremento le están quitando la gratuidad o las medicinas que valen por lo menos diez veces más de lo que les dan, para atender a su enfermo.

Todavía esta administración tiene oportunidad de rectificar, tan solo fue el primer año, restan otros cinco para corregir el rumbo. El apegarse a discursos ideológicos y no a la razón técnica puede ser muy costoso para las familias mexicanas.

 

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