EL BIEN MAYOR…

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¿De dónde saldrán los recursos?

Víctor Manuel Aguilar Gutiérrez

@aguilargvictorm

 

 

Reza un dicho popular, “después de la tormenta viene la calma” y de ello no hay duda. Esta tormenta que se agudiza por la pandemia del “coronavirus” a nivel mundial tiene muy graves efectos económicos en países como México. Se dice fácil, como si la economía fuera algo ajeno a cada uno de nosotros y nuestras familias. Si bien esta tormenta no obedece a variables controlables, lo que sí se puede controlar es el timón del barco que navega en ella. Las decisiones que se tomen serán fundamentales para llevar el barco a buen puerto o naufragar en medio de la tormenta. Es cierto que ningún marino se forja en aguas tranquilas, pero también es cierto que frente a estas circunstancias se requiere de capitán, de pericia y de responder oportunamente a la realidad para salir avante. La calma llegará, la pregunta es en cuánto tiempo y en qué condiciones llegaremos.

La realidad ha alcanzado ya a este gobierno que sigue viviendo en su nube ideológica y se aferra a sus paradigmas frente a la más grande crisis que ha vivido México en su historia. Para el presidente gobernar no tiene ninguna ciencia, así lo ha manifestado, y por ello sus decisiones responden a generalidades y soluciones simplistas motivadas por sus fobias.

En los primeros cinco meses de este gobierno, se despidió a más de 120 mil servidores públicos, la mayoría profesionales sin filiación partidista, con capacidad probada y un sin número de años de experiencia. Con esta acción se desmanteló la parte más valiosa de la administración pública federal: su capital humano.

La austeridad republicana destruyó todo lo demás. La mayoría de los programas se han desmantelado o aunque en papel siguen vigentes no cuentan con presupuesto. La falta de mobiliario y equipo de computo es evidente. Es decir, de las dependencias gubernamentales, hoy sólo queda el cascarón.

El sector salud es un claro ejemplo de esta situación que se vive. Si bien, este sector ya venía siendo saqueado por las anteriores administraciones, hoy lejos de mejorar, la situación ha empeorado en perjuicio de la gente más pobre. Enfermedades que se venían atendiendo, quizá con deficiencia, pero se atendían, hoy ya no son parte de los servicios del sector salud como la atención de niños y mujeres con cáncer, además de que en esta administración se agudizó la eterna carencia de medicinas y médicos en los hospitales.

Actualmente, prácticamente todo el presupuesto se destina a la obsesión presidencial que se llama programas sociales. Esta situación es ya un problema para las finanzas públicas nacionales, y no representan una solución “per se”. Es un barril sin fondo, que no crea riqueza pero que cada vez demanda más presupuesto. Por sus características tampoco son un gasto que detone o potencíe la economía o que termine problemas como la pobreza. Si acaso, los apoyos de los programas sociales solo resuelven por quince días o un mes a lo mucho el gasto corriente de una familia, pero la dejan desprotegida en otros rubros como salud, seguridad y empleo.

Debido a la caída de los precios internacionales del petróleo, el ingreso a las arcas nacionales por este importante concepto ha sido prácticamente nulo.

El uso de recursos de partidas como el Fondo de Estabilización de los Ingresos Presupuestarios (FEIP) demuestran la desesperación para cubrir las deficiencias en las finanzas públicas nacionales. Existe la insana tentación de hacer uso de los recursos de las reservas internacionales de México, lo cual sería un grave error ya que haría vulnerable a la nación para cubrir compromisos en divisas internacionales.

Otro grave error es el terminar y extinguir de tajo y sin reglas claras a los fideicomisos públicos, mandatos públicos y análogos de los cuales se espera recaudar al 15 de abril alrededor de 250 mil millones de pesos. De los fideicomisos y mandatos extinguidos muchas de ellos ya no funcionan y debieron de terminarse desde hace tiempo, otros ya no cuentan con recursos, y otros vienen funcionando bien, cubren fines y necesidades específicas como el FIPAGO, fideicomiso que tiene el fin de devolver parte de los recursos a personas defraudadas por cajas de ahorro, así como fondos que cubren aspectos de cultura, ciencia y tecnología.

Urge que ante esta crisis se proteja al sector productivo nacional. No se trata de crear un nuevo FOBAPROA, se trata de cuidar a la “gallina de los huevos de oro”. En su momento el FOBAPROA fue un instrumento útil para enfrentar la crisis de ese tiempo, el problema fue los fraudes que se cometieron aprovechando la situación.

El fortalecimiento del sector productivo nacional es fundamental para el restablecimiento de la normalidad. No está en juego solo la ganancia de los empresarios, esta en juego el ingreso y el empleo de la mayoría de los mexicanos. También esta en juego el financiamiento fiscal de los programas sociales.

Este es el momento en que veremos las verdaderas intenciones de este gobierno, donde el presidente debe mostrar su liderazgo y visión de estado, y superar de una vez por todas sus fobias. No habrá otro momento, es ahora o nunca, las decisiones que se tomen o dejen de tomar repercutirán no solo lo que resta de esta administración sino quizá hasta próximas generaciones. De seguir el mismo camino, solo nos dejará un gobierno que al final de año no tendrá ni para los “chicles”.

 

 

 

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