EL BIEN MAYOR…

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¿Se agotó el modelo de la 4T?

Víctor Manuel Aguilar Gutiérrez

@aguilargvictorm

 

 

A 17 meses de la implementación del modelo de la cuarta transformación (4T), autonombrada así por el anteriormente candidato y hoy presidente de México, Andrés Manuel López Obrador, que en palabras de él mismo, esencialmente consiste en la separación del poder económico del poder político; este modelo parece hoy agotado.

Con la entrada de México al GATT en 1986 durante el sexenio de Miguel de la Madrid Hurtado, inició la etapa neoliberal. Fue el presidente Carlos Salinas de Gortari quien llamó “Liberalismo Social” al modelo que adoptó durante su sexenio, y con el cual pudo atender con éxito los problemas macroeconómicos que tenía México en ese entonces. La inflación se logró controlar de 159% en 1987 a un dígito en 1993; la deuda externa impagable del país se renegoció a términos controlables; se estabilizó el tipo de cambio; en el mundo, México fue visto como una economía emergente atractiva para las inversiones; se negoció y firmó el Tratado de Libre Comercio (TLC) entre Estados Unidos, Canadá y México el cual permitió que México dependiera menos del petróleo fortaleciendo las manufacturas como medio de captación de divisas. A pesar de los beneficios macroeconómicos, el modelo presentaba un costo social alto, por ello esa administración creó el Programa Nacional de Solidaridad (Pronasol) que buscó mitigar la pobreza generada. El mismo programa continuó en las siguientes administraciones aunque con diferente nombre y algunas modificaciones: Progresa, Oportunidades, Prospera. Este modelo finalmente se agotó y en 2018 el electorado decidió darle oportunidad a la propuesta de López Obrador, quien después de 18 años de hacer campaña ganó la presidencia de la república.

Con la promesa de abatir la pobreza y combatir la corrupción, la 4T, ganó terreno con la bandera de “primero los pobres”. Ya en la práctica, la oferta y el discurso se centró en los programas sociales llamados “Bienestar”. En la narrativa del presidente estos programas atienden las causas estructurales de los problemas de México por lo que los presenta como la medicina que México necesita.

El modelo de la 4T presenta ya signos de agotamiento tanto en lo económico como en lo político a pesar del todavía muy alto nivel de aceptación del presidente. El agotamiento de este modelo se presenta cuando ya no es una solución sino un obstáculo para enfrentar los problemas de la realidad nacional. La pandemia del coronavirus, la inseguridad, la descomposición de los indicadores económicos, el desequilibrio presupuestal, los roces en la relación bilateral con los Estados Unidos, las fricciones con el sector empresarial, los desencuentros con organismos de la sociedad civil, la intolerancia a la prensa crítica, los problemas internos de Morena, son algunos ejemplos de frentes abiertos.

Los ejes de este modelo son los programas sociales y las grandes obras como la construcción de la refinería de Dos Bocas en Tabasco, la construcción del Tren Maya, y la ampliación del Aeropuerto de Santa Lucia; con los cuales en la estrecha visión del presidente, pretende solucionar problemas estructurales de distribución de la riqueza y potenciar el crecimiento económico del país. Los programas sociales resultan insostenibles presupuestalmente, la situación actual y futura del mercado del petróleo hacen inviable la construcción y operación de una nueva refinería, la devastación ecológica que representa la construcción del Tren Maya la hace una obra cuestionada, y la ampliación del aeropuerto de Santa Lucia presenta dictámenes técnicos negativos. Mientras tanto, los rubros que potencian el desarrollo social como la salud, la educación y el empleo, o que potencian el desarrollo económico como la inversión, la promoción del comercio exterior e interno, el fomento del emprendimiento, la ciencia y la tecnología siguen sin ser atendidos.

La realidad es que en materia de inseguridad, durante la semana pasada se alcanzó la cifra de 50,000 homicidios en lo que va del sexenio, además de que los índices de los diferentes delitos siguen siendo altos, en lo económico los principales indicadores se descompusieron hasta llegar a crecimiento económico negativo. La 4T apuesta al petróleo y a la construcción de la refinería de Dos Bocas; sin embargo, el 20 de abril el precio del barril de la mezcla mexicana de petróleo llegó a cotizar bajo cero y desde entonces su precio fluctúa en niveles debajo del costo de producción por lo que por cada barril que se venda a este precio México estaría perdiendo. A México en estas condiciones no le conviene vender. Resulta entonces ilógica la posición de la Secretaria de Energía, Rocío Nahle, quien en la pasada reunión de la OPEP se opuso a recortar 400 000 barriles de petróleo diarios ahora que el precio está bajo, y el presidente aceptó una deuda con Estados Unidos que deberá pagar cuando el precio del petróleo este alto, simplemente un mal negocio. Ello nos explica porque Pemex está teniendo malos resultados. Tan solo durante el primer trimestre de este año, Petróleos Mexicanos (Pemex) registró pérdidas por 562 mil 250 millones de pesos, de acuerdo con su reporte financiero enviado a la Bolsa Mexicana de Valores (BMV). Pemex justifica estos resultados por una reducción en sus ventas externas e internas y el efecto cambiario de la depreciación del peso frente al dólar; sin embargo, algunos especialistas señalan que la empresa debió haber previsto y reducido estos riegos a través de la contratación de coberturas.

Desde un punto de vista objetivo, ni el neoliberalismo, ni las medidas propuestas por la 4T son buenas o malas. Simplemente son medicinas que permiten atender con éxito diferentes realidades. El problema está cuando se ve con una óptica ideológica y se pretende aplicar la misma solución para todo. Desde una óptica médica, cada medicina cura una enfermedad o situación específica. Si se aplica la misma medicina para todas las enfermedades no solamente el enfermo no va a sanar sino que se pueden afectar otros órganos. Lo mismo pasa con estos modelos políticos y económicos.

Como no se daba desde los tiempos del salinismo, actualmente el presidente concentra todo el poder prácticamente sin contrapesos. La Cámara de Diputados, la Cámara de Senadores y los congresos de los Estados cuentan con una mayoría morenista fiel al presidente. La Suprema Corte de Justicia de la Nación cuenta también con ministros identificados afines al presidente. No existen pretextos para no dar resultados, la responsabilidad total de las decisiones son del presidente.

La realidad es que no se está abatiendo ni la pobreza, ni la corrupción, pero sí se está desmantelando a la administración pública, y ejerciendo un alto presupuesto del cual no se ven resultados. ¿Qué ha sucedido con los dineros de la austeridad republicana? ¿De los recortes a sueldos? ¿De la extinción de los fideicomisos? ¿A qué se destinarán los recursos de las Afores que pretenden concentrar en el Banco del Bienestar?, ¿A dónde entonces se están dirigiendo los dineros? Muchas preguntas y la respuesta es la opacidad ¿acaso se está ocultando corrupción y desvíos en esta administración?

Frente al agotamiento del modelo, la respuesta del presidente parece ser el autoritarismo, como lo es la iniciativa de ley presentada para que el presidente decida discrecionalmente sobre el presupuesto sin pasar por la Cámara de Diputados.

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