El Bien Mayor…

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Caso Lozoya: culpar a la oposición

Víctor Manuel Aguilar Gutiérrez

El próximo año se celebrarán elecciones y no puede haber riesgos. Tal como en 2018, las baterías se centraron en el, en ese entonces, candidato del PAN, Ricardo Anaya. Desde el poder, la administración  de Peña Nieto lo acuso de lavado de dinero; sin embrago, al pasar la campaña electoral quedó exonerado. Esta acción dejó prácticamente solo en el escenario electoral al actual presidente, quien obviamente ganó sin ningún obstáculo. Morena le debe a Enrique Peña Nieto quitarle de encima a su principal opositor.

En febrero del año 2018, en plena campaña para las presidenciales del 1 de julio, la fiscalía hizo pública que investigaba al candidato del Partido Acción Nacional (PAN) de un presunto lavado de dinero de 54 millones de pesos. La Procuraduría General de la República retiró tras los comicios del 2018 las acusaciones de lavado de dinero que presentó contra el candidato presidencial Ricardo Anaya durante la campaña electoral. De acuerdo al periódico Reforma, este diario tuvo acceso a un expediente fechado el 28 de noviembre de 2018, dos días antes de expirar el mandato del presidente Enrique Peña Nieto, en el que se exoneraba por falta de pruebas al opositor Anaya de esta acusaciones que terminaron con sus aspiraciones presidenciales.

Dados los errores, la corrupción y los malos resultados de la administración de Enrique Peña Nieto, el triunfo electoral del PRI en 2018 con su candidato José Antonio Meade resultaba prácticamente imposible, por lo cual, el presidente Peña Nieto tenía dos opciones: apoyar a Ricardo Anaya del PAN o a Andrés Manuel López Obrador de Morena. La amenaza de Ricardo Anaya de investigar y en su caso encarcelar a Peña Nieto  aceleró la decisión. El presidente Peña, apoyo por acción o por omisión, a Morena y su candidato. Se presume un pacto que permitiría dejar en la impunidad cualquier responsabilidad que en el futuro pudiera atribuirse a Peña Nieto o a su equipo.

Peña Nieto necesitaba negociar inmunidad y López Obrador se lo concedió a cambio de asegurar su contundente triunfo electoral. Hoy el priista  Enrique Peña Nieto es el nuevo innombrable. En la letanía de adversarios que el presidente reza diariamente en sus mañaneras nunca se menciona, ni por error, el nombre del ex presidente. La obsesión de López Obrador se centra en el PAN.

Con estos antecedentes podemos entender mejor el caso Emilio Lozoya y pronosticar lo que sucederá. ¿Serán personajes panistas los “chivos expiatorios” a quienes atribuirán las responsabilidades, no solo de la pasada administración priista sino también de los errores del gobierno actual morenista?

Con Emilio Lozoya existe la oportunidad de desmantelar una red de corrupción en el sexenio de Peña Nieto, pero las primeras audiencias dejaron un mal sabor pues además de que no fueron públicas, no se incluyeron todas las acusaciones contra el ex director de Pemex.

Tras 11 horas de comparecencia, Emilio Lozoya dijo muchas cosas, entre ellas se declaró inocente y acusó que fue presionado e intimidado para cometer algunos delitos que le imputa la Fiscalía, pero nunca dijo nombres. Sin embargo, por lo mientras estará libre de pisar la cárcel.

Ya lo menciona Beatriz Pagés: “De símbolo de la corrupción neoliberal del sexenio pasado, Lozoya pasa ahora, a ser aliado del presidente López Obrador para dinamitar a la oposición”.

Para el pueblo pan y circo, pareciera que la detención de Cesar Duarte, ex gobernador de Chihuahua, y Emilio Lozoya, también se encuentran pactadas para satisfacer la exigencia de que se castigue la corrupción en el sexenio anterior. Pero el acuerdo pasa porque al final los amigos de Peña Nieto queden libres, transfiriendo la culpa a los opositores adversarios del presidente con el propósito de aplanar el camino para las próximas elecciones.

El exdirigente del Partido Acción Nacional, Ricardo Anaya, a quien Lozoya también menciona, negó haber recibido sobornos para aprobar la reforma energética impulsada por Enrique Peña Nieto, y acusó que los señalamientos en su contra son una estrategia para golpearlo ante el próximo proceso electoral.

El presidente del Partido Acción Nacional (PAN), Marko Cortés, calificó el caso de Emilio Lozoya, exdirector de Petróleos Mexicanos (Pemex), como una simulación del gobierno Federal.

La lógica del caso, la encontramos en la estrategia electoral del presidente para mantener mayoría en las cámaras a través de dividir y de señalar culpables sin pruebas. Perder a México, como muchos sabemos, significa que Morena gane el 2021, el gobierno actual requiere de contrapeso en las Cámaras tanto de diputados como de senadores, de lo contrario López Obrador terminaría por convertir en cenizas el orden democrático constitucional, como lo señala Pagés.

De consumarse este atentado en contra de la concurrencia electoral, el combate a la corrupción se resume en sólo simulación. El tiempo y la historia darán su veredicto final.

victor.manuel.aguilar.gutierrez@gmail.com

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