El Bien Mayor…

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La necesaria revalorización de la empresa

Víctor Manuel Aguilar Gutiérrez

victor.manuel.aguilar.gutierrez@gmail.com

De acuerdo a la Ley Federal del Trabajo, la empresa es la “unidad económica de producción y/o distribución de bienes y servicios”. A través de la empresa se procesan los factores de la producción: tierra, trabajo, capital y organización. Las remuneraciones para los factores económicos que mediante la actividad de la empresa se generan son: renta, salario, interés y utilidades o beneficios; es decir, la empresa crea riqueza. También, a través de ella se generan los productos y servicios que la sociedad necesita para subsistir. Son las empresas y el gobierno las principales fuentes de empleo y es a través de ésta que se generan los impuestos, el principal ingreso del Estado.

La empresa hoy en día, independientemente de su tamaño, representa algo más que un simple lugar de trabajo, es una comunidad de vida, donde hombres y mujeres laboran en torno a un fin en común, aun en la diversidad de objetivos personales; también, es la encargada de la transformación y distribución de los elementos que encontramos de manera natural en nuestro planeta para satisfacer necesidades humanas, y la encargada de realizar los servicios que hombres y mujeres necesitan para vivir. En resumen, la empresa es el lugar donde los sueños del empresario se conjugan con las esperanzas y anhelos de los trabajadores y sus familias, juntos se encargan de brindar los artículos y servicios que todos habremos de requerir para la sobrevivencia y búsqueda incansable de la felicidad.

Es importante destacar que la empresa es una comunidad de seres humanos para seres humanos; la empresa está al servicio de la humanidad y no al contrario. La realización de la función social de la empresa se da en la medida que ella contribuye al bien común y al bien particular de cada una de las personas que participan interna y externamente en ella (trabajadores, empleados, administradores, directores, accionistas, proveedores, consumidores).

La empresa privada busca la obtención de un lucro o beneficio económico mediante la satisfacción de alguna necesidad de orden general o social.

La palabra empresario se define como “aquel que organiza, opera y asume los riesgos de una empresa atraído por las oportunidades de lucro”.

Es importante destacar que ante todo el empresario es una persona con defectos y virtudes, quien convierte un sueño en realidad, quien emprende con la ilusión de un beneficio que compense el costo y el riesgo que corre, en no pocas ocasiones podemos decir que la empresa es el empresario.

El alma de la empresa es el empresario, quien arriesga su capital y mediante su visión construye una marca; un sistema; lleva una innovación al mercado; cumple su función social al satisfacer necesidades mediante los productos que ofrece, dar empleos y pagar impuestos; así también,  persigue legítimamente un lucro o una ganancia.

La empresa, para su correcto funcionamiento requiere de condiciones adecuadas como certidumbre jurídica, variables económicas estables, seguridad, entre otras. El papel del gobierno debe ser entonces bridar las condiciones para que las empresas realicen sus actividades con la mayor agilidad y facilidad posible en el marco de la ley, por ello el rol regulador del Estado es irrenunciable para corregir distorsiones del mercado y para proteger derechos de los consumidores y trabajadores. Por ello existen instituciones como la Comisión Federal de Competencia Económica (regula la sana competencia entre las empresas), la Profeco (protege los derechos de los consumidores), la Secretaria del Trabajo y Juntas de Conciliación (protegen los derechos de los trabajadores).

En la presente administración pública federal se ha desvalorizado el papel de la empresa dentro de las estrategias del nuevo gobierno, desde la óptica de una ideología se ha demeritado a la empresa y al empresario acusándolos de corruptos. Se ha reducido el presupuesto para la creación y promoción de empresas. Incluso se desapareció al Instituto Nacional del Emprendedor. Sin empresas no hay desarrollo y crecimiento económico. En pocas palabras, sin empresas no hay economía.

La Secretaria de Economía, la cual se encarga promover y atender a las empresas es la menos visible hasta ahora, lo cual nos da la percepción real o equivocada que la empresa no es un asunto prioritario para esta administración.

El éxito de la política económica de este gobierno está muy ligado al éxito de  cada una de las empresas nacionales, el mirar al mercado interno, podría en lo económico marcar una diferencia histórica con las administración que el mismo Presidente llama “neoliberales”. El entrar  en señalamientos  y distribución de culpas a la empresa se estaría cavando la tumba de lo que pudo ser el detonador para alcanzar  las ambiciosas metas económicas de este sexenio. Por el bien de todos, principalmente de los pobres urge revalorizar a la empresa y que se refleje en políticas públicas claras.

victor.manuel.aguilar.gutierrez@gmail.com

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