El Bien Mayor…

0
4883

La descomposición del tejido social
Víctor Manuel Aguilar Gutiérrez

@aguilarvitorm


México después de Siria es el país más violento del mundo. El año 2019, fue el año más violento desde que se tiene registro de los homicidios dolosos, hubo 35 mil 558 asesinatos una tasa de 27 homicidios por cada 100,000 habitantes. En los 20 meses del gobierno actual se han registrado 62 mil 922 homicidios, es decir, en promedio cada día han sido asesinadas 97 personas. En ninguno de los sexenios anteriores se había registrado un nivel tan alto de homicidios como en el actual. Definitivamente “los abrazos, no balazos” no están funcionando.


En México, la pobreza es un escándalo. El Coneval dio a conocer que de 2018 a 2019 el número de personas en pobreza paso de 49.5 a 52.4 millones de personas. En nuestro país el 70% de mexicanos que nacen pobres, están condenados a vivir y morir en la pobreza porque no tendrán forma de salir de ella. Hay estados sumidos en condiciones paupérrimas en Chiapas, el 76.4% de la población está sumida en la pobreza, en Guerrero son el 66.5%, en Oaxaca 66.4% y en Veracruz el 91.8%.

En México el valor inalienable de la vida está en crisis. Quizá la muestra más evidente de ello es la corrupción de las fuentes de la vida el vientre materno y la familia. Hasta 2019 en la Ciudad de México se habían realizados un total de 209 mil 353 abortos. La justicia social, empieza contemplando al ser humano desde la etapa intrauterina. Por otro lado, no hay mes del año en que en nuestro país no haya un embate a la familia desde las políticas públicas.


El Tejido Social es la manera en que un grupo establece distintos tipos de relaciones a partir de intereses comunes; es el entramado de relaciones cotidianas en un espacio local y social determinado, donde se comparten la cultura y el capital social; es la configuración de vínculos sociales e institucionales que favorecen la cohesión y la reproducción de la vida social; es el conjunto de relaciones que establecen las personas y las instituciones a partir del reconocimiento del otro, como un semejante. El ser humano se reconoce a sí mismo como tal a través del encuentro con el otro.
La célula fundamental que da forma al tejido social es la familia. Después dela familia, en orden de importancia, está la escuela como institución encargada de reafirmar los valores que se aprenden o deberían aprenderse en la familia.
Como todo proceso histórico, el tejido social se va configurando por la intervención de individuos, colectividades e instituciones. Podemos identificar tres tipos de configuradores: comunitarios, institucionales y estructurales.
Algunas razones o causas de la descomposición del tejido social son: una ruptura antropológica radical, el ataque sistemático e ideológico de la familia, el deterioro del sistema educativo, una profunda crisis de legalidad, una profunda crisis ética y moral.
La ruptura antropológica radical tiene que ver, con este cambio de época en el que vivimos que ha desdibujado la antropología y ha cuestionado la naturaleza de la persona humana. La persona ya no es quién, sino un qué, con lo que se niega la naturaleza racional del hombre llevándolo a un individualismo exacerbado. Hoy en día, el otro ha dejado de ser un don y se ha convertido en una especie de amenaza.
Este individualismo posesivo se caracteriza por el debilitamiento de las estructuras primarias de sociabilización: la familia y la escuela.
Hoy en día, la familia nuclear biológica, es vista como un anacronismo que debe ser superado por asociaciones fundadas en simples convenios de solidaridad, que si bien permiten reconocimiento jurídico a la convivencia entre personas, tiene un carácter artificial y jamás podrán aportar los vínculos que surgen de la consanguineidad.
Hoy vivimos también una crisis de legalidad, se exige el respeto de los propios derechos, pero se ignoran los propios deberes y los derechos de los demás. No tenemos como pueblo, respeto de las leyes, del tipo que sean, ni interés por el funcionamiento correcto y transparente de las instituciones económicas y políticas.
En tercer lugar, vivimos una crisis ética y de moralidad. Cuando se debilita o relativiza la experiencia religiosa de un pueblo, se debilita su cultura y entran en crisis las instituciones de la sociedad con sus consecuencias en la fundamentación, vivencia y educación en los valores morales. Existe una tendencia a la desregulación, menos leyes, menos prohibiciones; sin embargo, la sociedad no ha alcanzado el grado de madurez todavía para no dañarse a sí misma con sus propias acciones. La madurez como sociedad se logrará en la medida que se apegue a su propia ética orientada al bien de esa misma sociedad.

Es necesario fortalecer un sano concepto de persona. La gran discusión radica respondernos como sociedad ¿Quién es la persona?
En este sentido es indispensable “humanizar” la cultura y el quehacer social y político, poner a la persona en el centro incluso de los modelos económicos.


victor.manuel.aguilar.gutierrez@gmail.com

Dejar respuesta

Please enter your comment!
Please enter your name here

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.