El Bien Mayor…

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La participación política de la sociedad civil

Víctor Manuel Aguilar Gutiérrez

La política en sentido amplio se entiende como aquella noble actividad que atiende los asuntos de la “polis”, es decir, la urbe o ciudad que en su fin busca el bien común. En sentido estricto, también se refiere a la actividad que dentro de un sistema político realizan ciudadanos o instituciones que buscan alcanzar el poder o gobierno de una ciudad o Estado. La utilización del término ganó popularidad en el siglo V A.C., cuando Aristóteles desarrolló su obra titulada justamente “Política”.

La política entonces es el espacio del entendimiento y de los acuerdos, donde concurren las diferentes opiniones y posiciones, a veces contrarias y diferentes, respecto a los temas públicos que atañen a una sociedad. Los asuntos entonces se procesan en el marco de las normas del sistema político que se trate para finalmente mediante la construcción de consensos o mayorías tomar una decisión, misma  que tendrá la forma de ley, decreto, política pública, reglamento, etc.

Para lograr los entendimientos y construir soluciones y avances para una sociedad,  el político debe privilegiar las coincidencias sobre las diferencias entre los actores políticos, debe sumar y multiplicar y evitar dividir y restar.

Cuando lo anterior no se cumple, podemos estar ante un gobierno autoritario o totalitario. Mientras el autoritarismo busca acallar a los disidentes y evitar sus expresiones en público, el totalitarismo en cambio busca no solo acallar sino también extirpar las formas de pensamiento opuestas, mediante el adoctrinamiento y la remodelación de las mentalidades culturales.

Aun cuando la facultad decisoria dependa de una sola persona, esta debe estar fundamentada no en el capricho, la ocurrencia o el humor sino en la misma ley. Una regla de oro del derecho público es que los gobernantes y servidores públicos sólo pueden hacer lo que la ley les faculte, so pena de incurrir en el delito de abuso de autoridad o usurpación de funciones.

Cuando los gobernantes e instituciones gubernamentales orientan sus acciones hacia el interés general o el bien de la sociedad, entonces tenemos instituciones y un sistema funcional; mientras que si estas acciones se orientan al interés particular sin atender el fin de la institución, entonces tenemos instituciones y un sistema además de disfuncional, corrupto.

Dice San Agustín: “cualquiera sea el orden político establecido o el tipo de Estado o gobernante, no es el tamaño ni la fuerza sino la presencia de la justicia lo que diferencia a un estado de una banda de delincuentes. Si no existe, la única diferencia es el tamaño de sus crímenes y la impunidad con la que se cometen”. La Justicia es, pues, superior al Estado mismo y un requisito indispensable para ser reconocido como tal. Y los gobernantes, pueden también delinquir cuando se apartan de lo que es justo, es decir, cuando no buscan el bien común.

Es deber de los ciudadanos participar en los asuntos públicos de su comunidad. La participación de los ciudadanos no siempre presupone la búsqueda del poder, también se puede lograr presionando a los órganos de poder mediante los llamados cuerpos intermedios o intermediarios que son las entidades sociales o políticas intermedias entre el individuo y el Estado.

Una sociedad madura, sin duda, pasa por una participación activa de la sociedad civil en los diferentes asuntos públicos, es decir, hablamos de una democracia participativa contra una democracia representativa en donde sólo una pequeña elite con el argumento del voto popular mayoritario se cree que puede hacer y deshacer en nombre de toda la sociedad, aunque las decisiones sólo respondan a los intereses del grupo gobernante o de quienes los patrocinan.

En los últimos treinta años México ha pasado de tener una democracia representativa a una democracia participativa. Durante el periodo presidencialista la sociedad estaba organizada en sectores, sindicatos y cooperativas, todos ligados al partido oficial. Cada uno con un líder que representaba al sector correspondiente y finalmente el presidente que los representaba a todos. Una organización vertical controlada por el poder. Un régimen corporativista.

Sin embargo, desde los años ochenta específicamente desde el terremoto de 1985, la sociedad empieza a tomar conciencia de su poder cuando se organiza. El empoderamiento de la sociedad civil organizada logra ganar terreno durante los siguientes años. La política gubernamental cambió. De ser un aparato obeso, el gobierno paso a adelgazarse y a desregular muchas actividades. La sociedad civil organizada fue ocupando los espacios que el gobierno dejó.

Hoy la indiferencia de algunos ciudadanos y la política del gobierno actual de excluir a la sociedad organizada representan una amenaza a nuestra democracia.

Ningún cambio podrá consolidarse sin los ciudadanos y la sociedad organizada por ello la palabra clave es: Participación.

victor.manuel.aguilar.gutierrez@gmail.com

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