El Bien Mayor…

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Dos años: con todo el poder, no pueden

Víctor Manuel Aguilar Gutiérrez

Este primero de diciembre se cumplen dos años de que después de arrasar en las elecciones de 2018, Andrés Manuel López Obrador, tomara protesta como Presidente de México. En esa misma elección, Morena con candidatos en muchos casos desconocidos, pero a la sombra del caudillo, lograron obtener el voto mayoritario que prácticamente por despecho el “pueblo” les otorgó. De esta forma, Morena y sus aliados obtuvieron una mayoría de senadores, diputados federales, diputados locales y presidencias municipales. Con ello el ejecutivo prácticamente tiene el poder absoluto. Recordemos las lecciones de Daniel Cossío Villegas quien acuño la frase “El poder absoluto corrompe absolutamente”. Con este resultado y “el estilo personal de gobernar” del caudillo presidente, volvimos a los tiempos de la presidencia imperial: ¿qué hora es?… pregunta el monarca… la que usted diga Sr Presidente, responde el súbdito… ¿quién se atreve a contradecir al presidente?… Si no lo creen, pregúntenle a quienes actualmente ya no integran el gabinete.

El presidente vuelve a ser el todo poderoso al traer de regreso los poderes meta constitucionales, es decir, a ejercer atribuciones más allá de las que la ley le otorga. No tiene contra pesos. El gobernante no tiene pretextos y llega con un amplio respaldo popular no visto desde los tiempos de aquella “dictadura perfecta” que muchos ya no recuerdan y otros tanto, sobre todo jóvenes no conocieron, por lo que la vieja oferta se presenta para ellos como novedad. Dicen que quien no conoce la historia está condenado a repetirla.

Sin embargo, el pueblo, esa masa amorfa, votó atendiendo no a la razón, sino cayendo en la manipulación emocional del discurso fácil que dice lo que el pueblo quiere oír. Existe una obsesión del presidente por tener la razón en todo, no admite error. Su frase favorita es lapidaria: tengan para que aprendan.  

Al hacer una evaluación de estos dos años en cualquier rubro, la falta de resultados salta a la vista. Lejos de estar mejor estamos peor. Los indicadores y los pronósticos  de crecimiento económico son negativos; los servicios de salud sobre todo aquellos destinados a los más pobres están desmantelados; la transparencia no existe, es el gobierno más opaco de los últimos años; el respeto a la ley tampoco existe. Simplemente en materia de compras gubernamentales, mientras que la ley de adquisiciones establece que en los montos altos, las compras se deben hacer a través de licitaciones transparentes; en la realidad más del 70 por ciento de las adquisiciones, se están realizando de manera directa y opaca, favoreciendo como antaño a los cuates y compadres. Tampoco la corrupción ha disminuido.

¿Ha disminuido la pobreza? la respuesta es ni un ápice… al contrario los indicadores nos muestran un aumento.

La promesa de vender el avión presidencial, aquel que ni Obama tiene, no se ha cumplido. A estas alturas, el costo de mantener un avión que no se está usando ya suma más de lo que se obtendría por venderlo. La idea de rifar el avión, sin el avión, resultó un fiasco. El propio gobierno terminó comprando los boletos de la fallida rifa.

La obsesión por la austeridad está destruyendo la capacidad operativa de la administración pública federal.

La pregunta es ¿en qué se están utilizando los cuantiosos recursos que tanto presumen? En el discurso, la respuesta es en los programas sociales y en las obras faraónicas de este sexenio. La construcción de una refinería en terrenos que se inundan, además de que, el mercado es cada vez menor para los productos que genera. La construcción del aeropuerto de Santa Lucía que para quienes vivimos en Oaxaca, y queramos ir o regresar de la Ciudad de México, muchas veces será más rápido viajar por carretera que por avión, utilizando ese aeropuerto. Respecto a la construcción del llamado Tren Maya, su construcción traerá consecuencias para todo el mundo por el tamaño de la devastación ecológica.

Los programas sociales llamados “Bienestar” pretenden ser el gran soborno para el pueblo. Cuando en una familia se presentan problemas de salud como el cáncer, ni la suma de los diferentes apoyos del programa bienestar que puede recibir una familia son suficientes para enfrentar este tipo de enfermedades.

Mientras los recursos se distraen  en temas no prioritarios, los recortes al gasto para el tratamiento y medicinas contra el cáncer cobraron ya a nivel nacional  mil 602 muertes, tan sólo de diciembre a principios de septiembre, de acuerdo con reporte de la Asociación Mexicana de Ayuda a Niños con Cáncer (AMANC).

El número de fallecidos por Covid-19 ya sobrepaso las 100,000 defunciones, y el número de homicidios sigue rompiendo records, simplemente octubre fue el mes más violento en 20 años.

Respecto al trabajo legislativo en Oaxaca solo ha sido de impacto mediático con leyes y propuestas inoperantes.

Entonces a dos años..…¿y los resultados? ¿dónde están?

victor.manuel.aguilar.gutierrez@gmail.com

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