El Bien Mayor…

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1893

El reto del sistema de partidos

Víctor Manuel Aguilar Gutiérrez

El artículo 39 de nuestra constitución federal establece que “la soberanía nacional reside esencial y originariamente en el pueblo. Todo poder público dimana del pueblo y se instituye para beneficio de éste. El pueblo tiene en todo tiempo el inalienable derecho de alterar o modificar la forma de su gobierno.” Por otro lado, el artículo 40 establece que “Es voluntad del pueblo mexicano constituirse en una República representativa, democrática, federal…”.

Para hacer efectivos estos dos postulados constitucionales se estableció en México una democracia representativa a través de un sistema de partidos políticos. El sistema de partidos consiste del número, tamaño y tipo de partidos que compiten por obtener la preferencia de los ciudadanos y eventualmente el poder político, ya sea en el poder legislativo, en el ejecutivo o en ambos. También se refiere a las relaciones que los partidos tienen entre sí y con la sociedad.

Hasta ahora, nos guste o no, los partidos políticos son las instituciones que trascienden a las personas y trasmiten las ideas a través del tiempo, ya que se conducen de acuerdo con ciertos principios e ideas con dos objetivos fundamentales: 1) canalizar y transmitir los intereses y demandas de la población para que sean consideradas en la toma de decisión gubernamental; y, 2) posibilitar la participación de la población en el proceso político por medio de la elección de los representantes populares que ejercen el poder político, mientras que por otro lado, encontramos al caudillismo que se centra en una sola persona y que no trasciende en el tiempo.

De acuerdo al sitio significados.com, el caudillismo es un fenómeno político social que se asocia al surgimiento de líderes carismáticos, hombres de armas, de personalidad fuerte, grandes dotes oratorias y popularidad entre las masas, que ascendían al poder por medio de la fuerza, a través de golpes de Estado, revoluciones, alzamientos armados, etc., y a quienes se le atribuía la capacidad de resolver los problemas de la nación.

La causa por la cual aparece el caudillismo es, principalmente, por la ausencia de consensos políticos que siguió a la emancipación de las nuevas naciones de la metrópoli española. Esto dio lugar a una dinámica política marcada por la inestabilidad institucional y la inmadurez política que propició las luchas internas de poder y un constante proceso de reordenación política en torno a las figuras más fuertes.

El caudillismo trajo como consecuencia, además de una notable inestabilidad política e institucional, el surgimiento de dictaduras feroces y represiones a los bandos opuestos del espectro político.

La Ley General de Partidos Políticos los define como: entidades de interés público con personalidad jurídica y patrimonio propios, con registro legal ante el Instituto Nacional Electoral o ante los Organismos Públicos Locales, y que tienen como fin promover la participación del pueblo en la vida democrática, contribuir a la integración de los órganos de representación política y como organizaciones de ciudadanos, hacer posible el acceso de éstos al ejercicio del poder público.

En la investigación realizada por Connie Herrera  de Querétaro Independiente, para identificar las razones por las que la población perdió la confianza en los partidos políticos, mediante encuestas ciudadanas, se obtuvieron los siguientes resultados:

“Los Partidos Tradicionales se habían convertido en agencias de gestión pública pagadas y en cotos de poder de líderes de grupos y camarillas que se turnaban los espacios en cargos de elección popular. Por lo tanto, no contaban con una agenda de trabajo comprometida con la sociedad, es decir, no estaban trabajando con las y los ciudadanos en sus lugares de habitación o trabajo; el clientelismo político, a través de dádivas gubernamentales siguen siendo su forma de gestión para la sociedad”.

El reto del sistema de partidos políticos es devolver la funcionalidad a las instituciones, entendida ésta como la capacidad de que los institutos políticos busquen alcanzar los fines para lo cual fueron creados. La distorsión en los fines, privilegiando intereses de grupo o particulares sobre los intereses generales ha ocasionado la desconfianza hacia los partidos. El peligro es que se mire al caudillismo como una solución, lo cual sólo debilitaría al frágil andamiaje institucional democrático. La decisión está en manos de los electores.

victor.manuel.aguilar.gutierrez@gmail.com

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