EL BIEN MAYOR

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Las finanzas públicas ¿en círculo vicioso o virtuoso?

Víctor Manuel Aguilar Gutiérrez

 

Las finanzas públicas es la actividad que se encarga de cubrir los recursos que el Estado necesita para funcionar. Tiene dos partes: la primera parte se refiere a los ingresos, que consiste en recaudar los recursos a través del cobro de impuestos, aprovechamientos, derechos, participaciones, transferencias, deuda pública, entre otros, como actualmente lo son los ahorros de la llamada austeridad republicana. Esta parte se presupuesta y aprueba cada año por la Cámara de Diputados en la Ley de Ingresos, en ella se establece el monto esperado de recursos para el ejercicio fiscal de que se trate.

La segunda parte son los egresos, es decir, en qué se van a aplicar los recursos obtenidos. Desde esta óptica existen dos tipos de gastos: el gasto corriente y el gasto de inversión. El gasto corriente se refiere al pago de sueldos y salarios, rentas, suministros, pago de servicios, y en general los costos de funcionamiento de las estructuras gubernamentales. El gasto de inversión se refiere a la aplicación de los recursos públicos en la realización de la obra pública (construcción de carreteras, aeropuertos, mercados, centros de readaptación social, escuelas, hospitales, etc.); dotación de servicios (agua, drenaje, electricidad, etc.); a los diversos programas de promoción del desarrollo económico y social (vivienda, salud, educación, seguridad, etc.); es decir, en las tareas sustantivas del gobierno y la administración pública como mantener el orden público, satisfacer servicios públicos, conducir el desarrollo económico y social. Esta parte se presupuesta y aprueba cada año por la Cámara de Diputados en el Presupuesto de Egresos, donde se establece cuánto y en qué rubros específicamente se gastará durante el ejercicio fiscal de que se trate.

Cuando los ingresos son mayores a los egresos se dice que se tiene un superávit presupuestal en finanzas públicas, por el contrario, si los egresos son mayores a los ingresos, entonces se tiene un déficit presupuestal en finanzas públicas. Los déficit presupuestales en finanzas públicasgeneralmente se cubren con deuda pública o ajustes presupuestales. Otro variable a cuidar es que se tengan los recursos cuando se requieren, es decir, que sean oportunos y que se aplique con un enfoque de desarrollo regional.

Para lograr su objetivo las finanzas públicas deben mantener un equilibrio entre los ingresos y los egresos. Cualquier desequilibrio ya sea superavitario o deficitario conlleva graves consecuencias para la economía nacional que se refleja en los bolsillos de la población.

Es aceptable un déficit de hasta un 5% del PIB, ya que se considera todavía controlable; mientras que márgenes de un déficit mayor crean un círculo vicioso, ya que el pago del servicio de la deuda disminuirá la cantidad de recursos disponibles y no permitirá solventar erogaciones del Estado en rubros fundamentales de la tarea gubernamental o se caerá en incumplimientos financieros que tarde o temprano afectarán la confianza en la totalidad de la economía nacional.

Por otro lado, un desequilibrio superavitario, causará contracción de la economía frenando el crecimiento económico, si bien ha sido utilizado para controlar indicadores como la inflación, genera enormes  estragos económicos y sociales como un aumento en el  número de pobres. Este desequilibrio genera un círculo vicioso ya que en subsecuentes ejercicios fiscales los recursos recaudados se reducirán en perjuicio de las finanzas públicas nacionales. Siempre es mejor gastar mal que no gastar, siempre y cuando sea con proveedores nacionales.

Crear un círculo virtuoso en finanzas públicas requiere de la aplicación oportuna de los recursos públicos en fundamentalmente gasto de inversión, prioritariamente en rubros que dinamizan la economía como la inversión en infraestructura o en promoción de la actividad productiva, también la inversión en crear tecnología, siempre privilegiando el gasto con proveedores nacionales. Estos rubros tienen la peculiaridad de crear un efecto multiplicador porque los beneficios involucran a varios sectoreseconómicos, además de contar con tecnología propia. El gasto corriente deberá mantenerse en niveles mínimos pero suficientes para garantizar el correcto funcionamiento del Estado y sus instituciones. El combinar la inversión pública con la inversión privada permite lograr un mejor rendimiento en el aprovechamiento de los recursos, es decir, hacer más con menos. 

Esta dinámica permite que en ejercicios fiscales posteriores se cuente con mayor actividad económica, una mejor tasa de crecimiento económico, y por ende la recaudación de mayores recursos para seguir financiando la misma actividad productiva y los programas sociales entre otros. Si solo se privilegia el financiamiento a los programas sociales despreciando el financiamiento productivo pronto se tendrán problemas en financiar ambos conceptos.

Para este ejercicio fiscal 2019, tanto la Ley de Ingresos y el Presupuesto de Egresos aprobados por la Cámara de Diputados cumplen con la ortodoxia presupuestal antes descrita, sin embargo, en la aplicación del presupuestoparece ser que se tendrá un nivel histórico de recursos disponibles (ingresos), pero una deficiente aplicación de estos (egresos), ya que el ejercicio del presupuesto para infraestructura, si bien nos va, se erogará parcialmente y hasta finales de año, pronosticando un nivel de subejercicio también histórico, con los mismos efectos de un superávit presupuestal. Hasta ahora, montos importantes del presupuesto se han aplicado en mantener el avión presidencial en un hangar en California, en una compra extraordinaria de 671 pipas, compra extraordinaria de gasolina, el pago a inversionistas del cancelado Nuevo Aeropuerto de la Ciudad de México, entre otros, lo cual tiene la desventaja de ser pagos realizados a proveedores e inversionistas extranjeros. Aunque la aplicación  en tiempo y monto del presupuesto en los programas sociales, parecer ser no tendrá ningún problema, este rubro no tiene el mismo efecto multiplicador en la economía que la inversión en obra pública. Esperemos que la amenaza de transitar de la “austeridad republicana”  a la “pobreza franciscana” no se materialice, de lo contrario alguien tendrá que pagar los “platos rotos” y no será el gobierno.

Más allá del discurso y la “fe en este nuevo gobierno federal, durante este primer año se establecerán las bases que definirán el sexenio en términos de economía y finanzas públicas, el tiempo dirá si las decisiones tomadas construirán un círculo vicioso o un círculo virtuoso, el mejor termómetro será el bolsillo del pueblo mexicano y que los beneficios sean sostenidos en el tiempo.

 

 

 

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