Historia por tragedia económica en medio de la contingencia por la pandemia del Covid 19

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Oscar Rodríguez

 

 

Historia 1

 

 

Gerardo Santos es un bolero que en medio de la fase 3 de la pandemia por el Covid-19, trabaja en el centro histórico de la Ciudad de Oaxaca, sin uso de cubre bocas y solo con un gel antibacterial.

Dice que a pesar de lo que digan las autoridades estatales o federales,  no se va retirar, ni con la fuerza pública, o aunque lo multen,  por qué vive de los que hace por su trabajo diario.

Afirma que requiere  solo de 200 a 600  pesos por día para mantener su familia y comer.

El ayuntamiento de la ciudad, junto con la policía y los inspectores,  informan que lo han tratado de retirar del lugar que ocupa para que se mantenga en su domicilio, pero este  se resiste, y regresa.

La policía estatal reporta también que le ha enviado exhortos, pero que una vez que escucha o percibe que llegan los uniformados se retira, pero cuando  ve que cruzan y se retiran, regresa a su lugar de trabajo.

Gerardo es aséptico, pero duda de los efectos de la pandemia del Covid-19.

Cuando se le pregunta acerca de la letalidad del virus, llama a cuidarse, pero dice que no tiene para adquirir un cubre boca y refiere que solo espera que se lo obsequien.

“Yo lo único que uso es mi gel”, y rechaza que alguno de sus clientes lo vaya a contagiar.

Lamenta que por la contingencia la gente no salga a la calle a bolear su calzado, y por ello admite que se tiene que quedar más tiempo, en espera de junta lo que necesita para llevar de comer a su hijo.

Gerardo Vive de rentado, y solo tiene que mantener a un hijo, luego de que hace años se divorció de su pareja.

Tiene 46 años, padece de diabetes, y no sabe qué otra actividad realizar, por qué desde niño fue enseñado a lustrar calzado.

 

 

 

Historia 2

 

Rufina Santiago es comerciante de un mercado de la ciudad de Oaxaca, y no se retira de las calles ni usa cubrebocas, por que no puede dejar de trabajar.

Afirma que vive al día y por su trabajo, hasta en la calle, consume sus alimentos.

Refiere que está bien fregada, porque ni casa tiene, espera que por esta contingencia por la pandemia del Covid-19 y por la crisis económica, el presidente de la República Andrés Manuel López Obrador se tiente el corazón y les regale una casa digna donde vivir.

También dice esperar la ayuda que prometieron, pero dice que la esperara en la calle, porque no hay nadie donde habita.

Su domicilio está ubicado en la colonia Microondas, una de las más marginadas de la zona urbana, es dos cuartos y un baño.

Junto con su hijo Epifanio, Doña Rufina, afirma que trabaja desde el amanecer y hasta que se meta el sol para ganarse de 300 a 400 pesos.

Menciono que mientras haya gente en la calle, hay trabajo, y hay venta. Ella trabajara y ayuda a vender frutas y legumbres en un puesto ambulante instalado en el mercado 20 de noviembre que está ubicado en inmediaciones del centro histórico.

En este espacio los administradores del espacio de venta, ordenaron la somatización y desinfección de los pisos y de los locales.

Se instalaron filtros de revisión y a todos los comerciantes se habilito la entrega permanente de geles anti bacteriales y cubre bocas.

Para ella el riesgo de enfermarse o contagiarse por el virus del Covid-19 está latente, pero le apuesta a su suerte y la fortaleza de su cuerpo y de su espíritu de trabajo.

 

 

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