Ni neoliberalismo, ni populismo ¿entonces?

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1907

Víctor Manuel Aguilar Gutiérrez

En 1981, Rolando Cordera y Carlos Tello publicaron su obra “México, la disputa por la nación” (México: la disputa por la nación. Perspectivas y opciones del desarrollo. Siglo XXI Editores, 1981), uno de los libros más leídos  en el tema político económico. A casi cuarenta años de su publicación esta disputa sigue vigente y es la base discursiva del actual gobierno federal.

El libro describe el choque entre dos visiones y dos proyectos de nación. Por un lado, el nacionalismo revolucionario, modelo utilizado en ese momento y que promueve “la  reactualización del proyecto cardenista de los años treintas: un vasto programa de reformas económicas y sociales” para alcanzar “una efectiva integración económica nacional y una disminución sustancial de la desigualdad y la marginalidad prevalecientes”. A partir de 1982 este modelo mostró signos acelerados de agotamiento con una deuda externa impagable, con una falta de obra pública, con un mercado interno protegido, con cero reservas internacionales, una paridad dólar peso inestable y creciendo hasta las nubes, así como una inflación que llegó a 159% en 1987; además de finanzas públicas desordenadas y un gobierno que mantenía una gruesa estructura y una gran cantidad de empresas paraestatales, caracterizadas por su ineficiencia, incompetencia y pérdidas constantes, participando en prácticamente todos los sectores de la economía, desde cines hasta minas.

Por otro lado, el modelo llamado neoliberal (también denominado nuevo liberalismo o liberalismo tecnocrático) que promueve la liberalización de la economía a las fuerzas del mercado, el libre comercio en general y una drástica reducción del gasto público y de la intervención del Estado en la economía en favor del sector privado, quien pasa a desempeñar las competencias, roles y actividades tradicionalmente asumidas por el Estado. Aunque la aplicación de este modelo logró estabilizar la economía nacional siempre se la ha señalado por crear desigualdad y aumentar el número de pobres.

El actual gobierno federal mantiene un discurso contradictorio de polarización destacando esta disputa entre los dos proyectos de nación, y aunque se asume anti neoliberal, lo cierto es que las políticas aplicadas representan un híbrido con muchos elementos neoliberales, incluso aplicados con mayor radicalidad que los anteriores gobiernos así llamados. El discurso y algunas acciones de esta administración reflejan una añoranza por el nacionalismo revolucionario; sin embargo, la mejor definición para el modelo que aplica esta administración es la de un gobierno “populista”. Según la RAE, el populismo es una “tendencia política que pretende atraerse a las clases populares”, es también vista como como una ideología o postura que se basa en la diferenciación y la oposición dualista entre “el pueblo” (que es visto como una entidad soberana) y “la élite” (concebida como una expresión de desigualdad política no deseada). Visto desde el espectro de la geo posición política, podemos decir que existe populismo de izquierda y de derecha. La postura de este gobierno es populismo de izquierda.

Entonces, si ni el neoliberalismo, ni el nuevo nacionalismo revolucionario cubierto con el velo “populista” son la solución, ¿qué camino nos queda?, quizá la respuesta técnica no sea sencilla pero, podemos partir del sentido común. El sentido común nos dice que podemos tomar lo mejor de ambos modelos y aplicarlos a una realidad vista objetivamente y no desde el dogmatismo ideológico. A este modelo se la ha llamado la tercera vía o algunos lo han bautizado como una “economía social de mercado”.

De acuerdo a economipedia.com: “la economía social de mercado es un sistema que defiende la libertad de la iniciativa privada. Sin embargo, al mismo tiempo, admite que el Estado tenga cierta intervención para asegurar el bienestar de la población. En otras palabras, la economía social de mercado combina la libertad económica con ideales como el progreso igualitario de la sociedad, de manera que todos los ciudadanos puedan acceder a un mínimo de calidad de vida. La economía social de mercado, pretende corregir lo que se conocen como fallos de mercado. Se puede entender que la economía social de mercado plantea una tercera vía entre el capitalismo y el socialismo. De ese modo, se trata de buscar crecimiento económico, pero también justicia y equidad”.   Los pilares de la economía social de mercado son principalmente: propiedad privada,  libertad de competencia, responsabilidad individual, subsidiariedad, y Estado no planificador. En economía el gobierno sólo debe actuar de forma subsidiaria: “tanto Mercado hasta donde sea posible y Estado hasta donde sea necesario”.

Esta tercera vía, es un modelo intermedio fundamentado en el humanismo y conciencia social, que le dé al mercado su lugar, pero reconoce que las personas, mujeres y hombres, deben de estar por encima de cualquier interés económico y político; es replantear el rumbo ante las imperfecciones y distorsiones del mercado, la política y actitudes autoritarias en términos económicos, es en pocas palabras una economía de sentido común alejada de los dogmas ideológicos. ¿Será mucho pedir?

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