Periodista, oficio desechable.

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Por: Javier Cruz de la Fuente /www.unomasuno.com.mx

Con plena consciencia de la imagen popular del ex presidente Adolfo López Mateos, lo recuerdo como el primero en referirse a los periodistas como papel higiénico, algo que usas y tiras a la basura.

Entonces y a pesar de la oscura propaganda actual contra gobiernos pasados, comenzó la costumbre de culpar a la prensa por los malos resultados del gobierno.

Los marginaban en sus medios pero ni siquiera los corrían. La historia del periodismo nacional está repleta de los nombres de quienes pasaron buenas temporadas como huéspedes del sistema en alguna cárcel pueblerina o si hablamos de algún plumífero destacado, en las celdas de la hospedería de excelencia, el Palacio Negro de Lecumberri.

Citando la historia, casi todos, o todos, relacionados con movimientos políticos de izquierda. La famosa disolución social que se aplicaba como hoy por la simple decisión del mandatario en turno. Y no digan no, cuando tenemos una justicia diferenciada en la que el gobierno informa cínicamente que la Robles quedará presa porque se niega a denunciar a quienes quiere el presidente.

Pero los viejos gobiernos no mataba a los informadores. Eso ya pertenece a la modernidad. Empezamos a contar a los reporteros asesinados, al parejo del incremento en el negocio de las drogas. Esto, como uno de los pretextos oficiales para ni siquiera investigar los crímenes.

Para entendernos, históricamente a los barones de las drogas no les preocupa ni mucho ni nada las denuncias públicas. Nunca hay consecuencias, pero obviamente están atentos a las reacciones de las autoridades, que se dan por razones distintas a las publicaciones, muchas veces especulativas sobre los capos y sus actividades. De hecho, son varios los jefes del narco que han considerado un galardón las elogiosas, y buenas promotoras del negocio las series de televisión del EPigMenio.

Libros van, libros vienen, cada uno con una visión particular del imperio levantado en tal o cual región. Algunos con éxito editorial, otros como libro de Josefina Vázquez Mota implorando a Dios que la enviude. El marido sigue allí donde lo haya puesto la efímera patricia.

Y los comerciantes de la muerte siguen allá.

Pero los periodistas, signo de los nuevos tiempos, de la modernidad y los avances de una democracia “popular” secuestrada por los partidos políticos, han quedado en la mira de los sicarios que, sorpresa de sorpresas, cuando se aclara un asesinato, nos enteramos que no fue la delincuencia organizada sino la oficial.

Las denuncias que no despeinan a los crimínales ilegales, afectan y preocupan mucho a los criminales si no legales, por lo menos consentidos por el Gobierno. Más claro: a los funcionarios públicos, protectores del trasiego de estupefacientes.

Y por allí viene todo. Empeñados en una sorda carrera para destacar, cada sexenio transcurrido a partir de De la Madrid a la fecha, se ha empeñado en superar los registros anteriores. Y cada presidente incluyendo al presente, han hecho orejas sordas ante el clamor por la impunidad de estos crímenes que hoy son nota diaria.

¿Importa al mandatario la seguridad de la prensa? Hay evidencias de que para el señor López son periodistas y merecen atención quienes conforman el coro de elogios que se reúne en las mañaneras.

Los demás han sido agredidos por esta cáfila de descastados, dentro y a las puertas de la vivienda presidencial, antes Palacio Nacional y antes Palacio Virreinal. Y no sucede nada.

Al colmo de un consulado para quien reclamaba dinero público para ella, se agrega ahora una serie de infamantes doctorados Honoria Causa, por los que en comentario de una recipiendaria anterior, se pagan 30 mil pesos pero les prestan toga y birrete.

La autora del comentario que les destapó la cobija, fue Laura Bozzo, una peruana ligada a la mafia Fujimorista que debió permanecer recluida mucho tiempo, quizá años, en un estudio de televisión para eludir la justicia.

Mientras nos deleitamos con la reproducción del emblema periodístico de la mañanera, mostrando su gran pergamino, citemos algunos datos de nuestra realidad real. Sin percepciones de felicidad sino con aluviones de certeza:

En los primeros 20 meses del gobierno de Andrés Manuel López Obrador, 13 periodistas fueron asesinados. Durante el mismo periodo, en el sexenio de Fox cuatro perdieron la vida; 10 con Felipe Calderón y seis con Enrique Peña Nieto.

Admitámoslo, los matan por neoliberales, voceros de la antigua mafia en el poder y en casos no especificados, por la mano justiciera del pueblo bueno que así castiga a los críticos de don Peje…

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