Por un entorno familiar sano para la infancia y adolescencia

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México a 7 de abril de 2020

 

A las familias de México,

Reciban un muy afectuoso saludo dentro de esta Semana Santa que estamos viviendo de un modo particular1.

La contingencia sanitaria a causa del COVID-19 ha presentado múltiples retos en todos los ámbitos de la vida cotidiana e impuesto un cambio relevante en la dinámica personal, familiar y social. En este sentido, conscientes de que las medidas de distanciamiento social y aislamiento determinadas por el Gobierno Federal tendrán efecto –por lo menos– hasta el día 30 de abril2, como Consejo Nacional de Protección de Menores de la Conferencia del Episcopado Mexicano, queremos ofrecerles algunas orientaciones que contribuyan a que el entorno familiar sea un espacio sano, seguro y armónico, especialmente para la infancia y la adolescencia de nuestro país.

I. ALGUNOS RETOS QUE ENFRENTA EL ENTORNO FAMILIAR.

Las circunstancias que atravesamos nos exponen a un constante estrés que –de no ser identificado y contenido– puede dificultar una crianza positiva. Vivimos un escenario en que la convivencia cotidiana en situación de confinamiento, las presiones económicas, el riesgo del desempleo, la falta de un ingreso estable, la polarización social, la vorágine de información, las tendencias alarmistas en redes sociales y el natural temor al contagio, nos pueden colocar en una posición vulnerable de tensión o ansiedad que pueden manifestarse en situaciones de conflicto y violencia familiar, particularmente en la relación de padres e hijos.

Aunado a lo anterior, no podemos omitir que muchas familias en México enfrentan situaciones extremas que por sí mismas –pero más aun durante la presente crisis sanitaria– exigen una atención urgente de parte de las autoridades gubernamentales y reclaman expresiones concretas de solidaridad comunitaria. Tal es el caso de familias que se encuentran en estaciones migratorias, en albergues o centros de asistencia social, en comunidades rurales o urbanas marginadas con situaciones de hacinamiento y carentes de servicios básicos, con algún familiar encarcelado o enfermo u otras situaciones semejantes que incrementan el riesgo, tanto de contagio como de violencia.

Sea cual sea la circunstancia particular de cada núcleo, es necesario recordar que la violencia familiar no sólo se traduce en comportamientos de agresión verbal (ej. insultos o gritos), física (ej. empujones o golpes) o sexual (ej. violación, abuso o acoso) sino que también se expresa de formas más sutiles, como la violencia emocional (ej. humillaciones, celos, imposición desmedida de reglas), psicológica (ej. manipulación o chantaje) o económica (ej. ejercer control a través de la limitación de recursos).

II. ALGUNAS PAUTAS PARA CREAR UN ENTORNO FAMILIAR SANO EN ESTA CUARENTENA.

Frente a los retos señalados, los padres de familia y otros adultos que tienen menores bajo su cuidado, tienen una especial responsabilidad de brindarles seguridad, protección y un entorno adecuado para su desarrollo. Por ello, conscientes que las situaciones extraordinarias exigen tomar medidas extraordinarias, queremos ofrecerles algunas pautas concretas que ayuden a preservar la integridad y armonía del entorno familiar:

1. Evitar el contagio.

El objetivo prioritario de esta fase de la pandemia es evitar el contagio y aplanar una curva exponencial con consecuencias graves para la vida y la salud de miles de personas. La llamada a “quedarse en casa” no es un slogan más, sino un compromiso de caridad cristiana para garantizar la capacidad de los servicios de salud para quienes sufran un contagio.

Quienes tengan la obligación de salir de casa por desempeñar alguna de las actividades consideradas como esenciales, deben observar rigurosamente las medidas de sana distancia e higiene que disminuyan los riesgos de contagio al llegar a casa, especialmente para los adultos mayores, las mujeres embarazadas y los niños.

2. Cuidar la propia salud física y emocional.

El aislamiento en casa y los distintos factores de estrés ya mencionados, pueden ocasionar cambios en los hábitos de sueño y alimentación, incremento en el consumo de alcohol, tabaco, marihuana u otras drogas, así como patrones de ansiedad y nerviosismo que nos impulsen a la violencia. Para contener estos efectos, recordando que no vivimos un período vacacional, sino de cuidado, se recomienda3:

  • Mantenerse activo y hacer ejercicio.
  • Vestirnos como si fuéramos a realizar nuestras actividades ordinarias.
  • Tratar de mantener rutinas diarias que incluyan distracciones y pasatiempos.
  • Procurar contacto con otros seres queridos a través de llamadas o videollamadas.
  • Moderar el flujo de información que consumimos a través de noticias o redes sociales.

3. Trato y cuidado de niñas, niños y adolescentes.

La seguridad emocional de los niños depende sustancialmente de la actitud que perciban de los adultos que los cuidan y la forma en cómo aborden la problemática que se vive. Por lo tanto, se recomienda:

  • Explicarles de acuerdo a su edad lo que está pasando, sin alarmarlos y sin transmitirles incertidumbre o miedo. Por el contrario que sus palabras les inspiren calma y esperanza, hablando con ellos de forma amable y reconfortante.
  • Enseñarles las medidas de prevención para aumentar su sentimiento de seguridad.
  • Mantener la rutina lo más apegado a lo usual, con un horario estructurado y ofreciéndoles

    actividades variadas para los ratos de ocio.

  • Limitarles la exposición a noticias y supervisar el uso de sus redes sociales.

 

 

4. Convivencia y comunicación familiar durante la crisis.

Este período de permanencia forzosa en el hogar conlleva la reorganización de las actividades y tareas en la familia e incluso, la adaptación de los espacios para cumplir con las responsabilidades que cada uno tenga. Por ello, algunas pautas que pueden seguirse son4:

  • Dedicar tiempo a pensar cómo se puede organizar la familia incluyendo a los distintos integrantes; por ejemplo, se pueden sostener reuniones familiares de planificación diaria o semanal.
  • Establecer prioridades, dejando para después las tareas que no son realmente necesarias.
  • Mantener rutinas diarias saludables, incluyendo horarios de sueño y alimentación, tiempo

    para el trabajo, tiempo para la realización de actividades escolares y de ocio.

  • Trabajar juntos en las tareas del hogar, distribuyéndolas entre los distintos miembros de la familia en función de lo que cada uno pueda, a fin de que la carga se más liviana.
  • Descansar durante períodos regulares de tiempo que aporten relajación.
  • Reconocer los límites con realismo, sin proponer actividades que no se puedan cumplir.

Procurar una comunicación activa y respetuosa, procurando afrontar los desacuerdos con

apertura y amabilidad. Cuando las conversaciones escalen a discusiones o situaciones de tensión, poner pausa al conflicto y resolverlo en un momento de ánimo positivo.

III. UNA OPORTUNIDAD PARA APRENDER EN FAMILIA Y SALIR FORTALECIDOS.

La pandemia por el COVID-19 ha obligado a todos los sectores sociales, a redimensionar su escala de valores para preservar lo esencial. En este sentido, creemos que la cuarentena ofrece a las familias una extraordinaria oportunidad para profundizar en los lazos íntimos que unen a sus integrantes, practicar virtudes cristianas (caridad, paciencia, comprensión, servicio, generosidad), orar juntos y crecer en la fe, disfrutar con paz y alegría de los momentos de convivencia y edificar al otro con el propio testimonio de vida.

Desde luego, en este esfuerzo no estamos solos, sino que contamos con la compañía y la fuerza de Dios Nuestro Señor, tal y como nos recordó el Papa Francisco en su bendición Urbi et Orbi5, al reflexionar en el evangelio de la tempestad calmada:

«¿Por qué tenéis miedo? ¿Aún no tenéis fe?». El comienzo de la fe es saber que necesitamos la salvación. No somos autosuficientes; solos nos hundimos. Necesitamos al Señor como los antiguos marineros las estrellas. Invitemos a Jesús a la barca de nuestra vida. Entreguémosle nuestros temores, para que los venza. Al igual que los discípulos, experimentaremos que, con Él a bordo, no se naufraga. Porque esta es la fuerza de Dios: convertir en algo bueno todo lo que nos sucede, incluso lo malo. Él trae serenidad en nuestras tormentas, porque con Dios la vida nunca muere.

Con este espíritu, exhortamos a los padres de familia y a cualquier persona que tenga bajo su cuidado a un menor de edad a que, con responsabilidad y entusiasmo, vivan este período como una escuela de vida cristiana, cuyas lecciones acompañen a los niños y adolescentes de México en su futuro, conscientes que la forma de afrontar esta epidemia puede ser guía y referente para ellos frente a otras crisis que les sobrevengan.

Aprovechemos la gracia especial que Jesús nos regala en los días Santos que se avecinan y unámonos en oración para pedir especialmente por el bienestar de todas las familias de México.

+Alfonso G. Miranda Guardiola
Coordinador del Consejo Nacional de Protección de Menores

 

 

 

 

 

 

 

 

FUENTE DE LA INFORMACIÓN : https://cem.org.mx/prensa/2878-Por-un-entorno-familiar-sano-para-la-infancia-y-adolescencia-.html

 

 

 

 

 

 

 

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